Incluso aquellos que tienen la rara fortuna de ser más o menos felices en su trabajo han deseado en alguna ocasión quedarse retozando entre las sábanas en lugar de acudir raudos y veloces a la oficina.

¿El problema? Que en ocasiones ese deseo (totalmente humano) de no ir a trabajar se repite demasiado a menudo y guarece en sus entrañas un problema mucho mayor: el temido síndrome de burnout.

Este síndrome comienza a dar la lata a quien lo padece (que niega habitualmente tener un problema) de manera sorprendentemente subrepticia y sibilina. Sin embargo, lo que comienza como una “nadería”, aparentemente insignificante, puede convertirse con el tiempo en una auténtica “bola de nieve” capaz de aplastar (laboralmente) a quien la tiene en los talones.

El síndrome de burnout es muy hábil disfrazándose de lo que no es, pero puede aprender a reconocerlo (antes de que sea desafortunadamente demasiado tarde) prestando mucha atención a las señales de alarma que enumera a continuación The Muse:

1. Contempla la posibilidad de dejar su trabajo (en el acto) al menos una vez al día.

2. Fulmina con la mirada a sus compañeros cada vez que estos tienen a bien pedirle prestados sus post-its.

3. Le está dando vueltas seriamente a la posibilidad de romperse el brazo derecho (si es diestro) o el izquierdo (si es zurdo).

4. Contempla constantemente el reloj con la esperanza de que el tiempo (en la oficina, por supuesto) pase lo más rápido posible.

5. Ignora el 50% de sus emails.

6. Por la noche tiene pesadillas (y están relacionadas con el trabajo).

7. Se equivoca de remitente (no una sino varias veces a la semana) cuando envía emails.

8. Se está replanteando muy en serio la posibilidad de volver a vivir con sus padres.

9. Cancela todos sus planes sociales por culpa del cansancio que lamentablemente corroe todo su ser (por culpa del trabajo).

10. Los caramelos (y el café) se han convertido en su comida favorita.

11. No puede reprimir una risa nerviosa cada vez que su jefe le pide que haga algo.

12. Bebe al menos ocho cafés al día y aun así es incapaz de concentrarse.

13. Trabaja constantemente con el piloto automático puesto y por esta razón comete errores imperdonables errores como enviar documentos confidenciales a las personas equivocadas.

14. Tiene peleas (completamente absurdas) con su pareja por la mañana. Y por la noche la riñas son también el pan nuestro de cada día.

15. Tiene la cabeza en otra parte y se olvida a menudo de fechas tope en su trabajo.

16. Se pone los auriculares a las 9 de la mañana y no se los quita hasta las 6 de la tarde.

17. No puede evitar preguntarse si su trabajo no es en realidad una broma (muy pesada).

19. Ha dejado de hacer ejercicio.

20. Cuando no tiene pesadillas relacionadas con su trabajo, sufre insomnio y le es imposible pegar ojo.

Un artículo publicado en Marketing Directo