El poder económico de las mujeres es en los tiempos que corren de dimensiones absolutamente siderales y crece como la espuma sin tocar techo.

Las mujeres influyen de manera absolutamente determinante en el 85% de las compras. Sin embargo, muchos marketeros contemplan el creciente poder económico de las féminas como un mero nicho (de relevancia aparentemente insignificante).

No es de extrañar, por lo tanto, que el 91% de las mujeres coincida en señalar que los marketeros no las comprenden adecuadamente. A ojos de muchas marcas las féminas continúan siendo lamentablemente “marcianas” venidas de otra galaxia.

A la hora de desarrollar estrategias y campañas con el foco puesto en las mujeres, los marketeros harían bien en tener en consideración las claves que disecciona a continuación Lindia Lander en un artículo para SpinSucks:

1. El rosa no es una estrategia

Cuando una marca ofrece un producto en un único color (y ese color es, casualidades de la vida, el rosa), está transmitiendo un mensaje a todas luces erróneo (y deudor de trasnochadísimos clichés) a la audiencia.

Aunque hay mujeres que beben los vientos por el rosa, que se ha convertido además en el color oficial de la lucha contra el cáncer de mama, es preferible que las marcas se decanten por el rosa única y exclusivamente cuando éste forma parte de una paleta de colores más amplia.

2. Adiós a los estereotipos

Constreñir a la mujer al papel de madre y sufrida ama de casa y convertirla en un mero objeto sexual son dos de los muchísimos clichés que persiguen como una mala sombra a las féminas en el universo marketero.

A las mujeres (como a los hombres) les gusta que las marcas reconozcan sus logros y que les asignen roles que den cuenta de su empoderamiento.

3. Las mujeres no son un grupo homogéneo

Es importante que las marcas se fijen no sólo en la edad cronológica de las mujeres y pongan también el foco en la etapa vital en la que éstas están instaladas. Las féminas que demoran, por ejemplo, la maternidad se sienten probablemente más identificadas con madres de niños de edades similares que con mujeres adscritas a su mismo grupo de edad.

Hay muchísimos tipos y subtipos de mujeres y cada uno de ellos tiene intereses y valores absolutamente únicos que tienen una influencia determinante en los comportamientos de compra.

Las madres que trabajan desde casa, las mujeres solteras y las féminas víctimas del síndrome del nido vacío desean poder reconocerse a sí mismas en los mensajes de las marcas.

4. Las buenas historias hacen muchísimo “tilín” a las mujeres

Las buenas historias ayudan a las mujeres a decidir si una marca concreta resulta de su agrado, si es digna de su confianza y si desea entablar con ella una relación. Una buena historia puede prender la mecha de una relación que puede prolongarse durante años.

A la mayor parte de los consumidores (también a las mujeres) les encandilan las historias que divierten, que inspiran y que educan a quienes las consumen.

5. Las mujeres desean ser comprendidas

Mientras que los hombres son dueños de una naturaleza más transaccional y están altamente motivados por el estatus y la envidia, las mujeres son generalmente espoleadas por la empatía.

Las mujeres quieren ser comprendidas. Y mientras a las hombres les gusta ser admiradas, las féminas prefieren ser apreciadas.

Por otra parte, las mujeres tienden a comprar con los cinco sentidos y no ponen únicamente el acento en la vista y el oído cuando toman sus decisiones de compra.

Afortunadamente cada vez más marcas están dando una vuelta de tuerca a sus estrategias de marketing dirigidas a las mujeres. Es el caso de Dove, que lleva tiempo apostando por la “belleza real” de las féminas. Y también marcas como Harley-Davidson, Adidas y Lamborghini están metamorfoseando sus mensajes marketeros para hacerlos más inclusivos.

Vía: Marketing Directo