¿Qué es un trabajo tóxico? Básicamente aquel que absorbe por completo al trabajador y le despoja de su vida privada, convertida de la noche a la mañana en una suerte de lujo inalcanzable.

Es evidente que, enfrentado a un empleo de estas características, cualquiera saldría huyendo (o lo intentaría al menos). ¿El problema? Que a los trabajos tóxicos les da a menudo por disfrazarse de empleos (supuestamente) de ensueño donde el trabajador goza de múltiples ventajas: de modernísimas oficinas, de múltiples opciones de entretenimiento y de toneladas y toneladas de comida gratis.

Y obnubilados por tantísimos extras (diseñados ad hoc para que los empleados vivan literalmente en la oficina), estos son incapaces de reconocer que han caído en las garras de un trabajo peligrosamente tóxico.

Puede que no lo sepa, pero los síntomas que disecciona a continuación The Muse son un claro indicador de que está aprisionado (quizás) en un trabajo potencialmente vitriólico:

1. Da prioridad a sus colegas de trabajo y deja en un segundo plano a sus amigos y familiares
Es fantástico llevarse bien con los colegas de trabajo. Sin embargo, estar cancelando constantemente citas con familiares y amigos para pasar más tiempo en el trabajo (y por ende, también con nuestros colegas de trabajo) es un síntoma inequívoco que nos estamos quedando peligrosamente huérfanos de vida privada (necesaria para ser plenamente felices como personas).

2. Su felicidad en el trabajo define su felicidad general
Tener la suerte de tener un buen trabajo es sin lugar a dudas motivo de alegría. Aun así, si nuestro bienestar general depende (sí o sí) de cómo nos trata nuestro jefe y de cómo nos llevamos con nuestros colegas, estaremos socavando, quizás sin saberlo, nuestra propia felicidad. Para ser felices deberemos cumplir objetivos y tales objetivos deberán guardar relación tanto con nuestra carrera profesional como con lo que sucede fuera de la oficina.

3. Está teniendo problemas para dormir
Detrás del insomnio (una dolencia lamentablemente ninguneada) hay siempre alguna razón. Quizás el motivo de que seamos incapaces de caer en los brazos de Morfeo por las noches sea el trabajo que tenemos todavía pendiente, nuestra apretadísima agenda laboral o la última conversación (desabrida) con nuestro jefe. Y lo cierto es que ningún trabajo merece tanto la pena como para sacrificar las horas de descanso, totalmente necesarias, por otra parte, para ser 100% productivos en el trabajo.

4. No puede dejar de pensar en el trabajo fuera de la oficina
Incluso la gente que está enamorada hasta el tuétano de su trabajo necesita desconectar (y debe hacerlo, de hecho). Estar eternamente pendiente (las 24 horas del día) del email y estar hablando siempre del trabajo con nuestros amigos son síntomas más que evidentes de que estamos renunciando en exceso a nosotros mismos como personas (que viven para mucho más que para trabajar).

5. Ha convertido su escritorio en una especie de campamento vital
Cuando su mesa de trabajo parece más un espacio de vida que un espacio de trabajo, debería comenzar a preocuparse seriamente. Si su escritorio está mutando en su propia casa (porque vive más tiempo en la oficina que en su hogar), es hora de tomar medidas a fin de no acabar engullido por el trabajo.

Un artículo publicado en Marketing Directo