Las ideas innovadoras son el codiciado objeto de deseo de los creativos (y de casi todos los profesionales en general). La innovación es al fin y al cabo la simiente del éxito.

¿El problema? Que el cerebro, el mismo que cobija bajo sus entrañas la sacrosanta creatividad, se resiste a menudo como una auténtica alimaña al pensamiento creativo.

La creatividad, que cuando somos niños nos sale por todos los poros, tiende a “secarse” en la edad adulta. Sin embargo, hay unos cuantos trucos para regar la creatividad innata que habita dentro de todos nosotros. Inc. recopila a continuación algunos de esos trucos:

1. Pruebe cosas nuevas
Para desengrasar la creatividad es importante obligarnos de vez en cuando a hacer cosas nuevas (aprender a tocar un instrumento musical o estudiar un nuevo idioma, por ejemplo). El cerebro, cuando tiene que lidiar con situaciones que no le resultan familiares, adopta nuevos puntos de vista, que son la “gasolina” de la innovación.

2. Siéntase cómodo con el fracaso
Cuando nos topamos de bruces con un fracaso, es importante no incriminarnos (cruelmente) a nosotros mismos. Los fracasos son en realidad una magnífica oportunidad para aprender y encaminarnos con paso más seguro hacia el éxito.

3. Identifique (y ponga a raya) sus propios prejuicios
A todos nos gusta pensar que somos personas objetivas y de mente abierta, pero nuestro cerebro está en realidad muy lejos de ser imparcial. Cuando se enfrenta a un problema, el cerebro tiene inevitablemente en cuenta recuerdos de soluciones que ya han funcionado con anterioridad. Y esas soluciones condicionan a alguna manera las soluciones futuras. Los prejuicios que anidan a lo largo del tiempo en el cerebro “aniquilan” (de manera no intencionada) las ideas. Y la represión de las ideas es lo que peor que le puede pasar a la creatividad, de ahí la importancia de poner nombre y apellidos a nuestros propios prejuicios para pararles los pies.

4. Resista la tentación de intentar predecir cómo saldrán las cosas
Antes de ponerse a conjeturar como un descosido, rodéese de nuevas ideas, personas y desafíos para nutrirse de nuevas perspectivas antes de formarse una opinión definitiva.

5. Busque maneras de alejarse de su zona de confort
Cuando alcanzamos cierto nivel de pericia en una materia, tendemos a relajarnos y apoltronarnos en nuestra zona de confort. Y en esa zona de confort rara vez afloran las nuevas ideas. Para salir al encuentro de la innovación, debemos ser valientes y atrevemos a pensar de manera salvaje y poco convencional.

6. Busque un equilibrio entre concentración y desconcentración
Las buenas ideas hacen acto de presencia en los lugares más insospechados: en la ducha, en medio de una sesión de “running” y de vez en cuando (sólo de vez en cuando) en el trabajo. Para que la creatividad emerja se necesitan elevadas dosis de concentración (de trabajo duro) y también elevadas dosis de desconcentración (de descanso). Las ideas cuya semilla plantamos en el trabajo necesitan “airearse” fuera de los entornos profesionales para echar brotes verdes.

Un artículo publicado en Marketing Directo