El incremento de la presencia femenina en el mercado laboral ha supuesto el cambio más significativo de la economía del último siglo. En EE.UU. la participación femenina en el mercado laboral casi se ha duplicado. Mientras que en 1950 el 34% de las mujeres activas (más de 16 años) tenían trabajo, en 2016 la cifra aumentó a casi el 57%. En 1978, al pasar la barrera del 50%, la mujer trabajadora se convirtió en la norma.

Sin embargo, aunque la tasa de participación femenina en el ámbito laboral ha aumentado constantemente en EE.UU., no lo ha hecho de manera uniforme en todas las ciudades. En lugares como Gadsden (Alabama) y Punta Gorda (Florida), menos de la mitad de las mujeres activas (46% y 42% respectivamente) tenían un trabajo remunerado en 2010. Por el contrario, Madison (Wisconsin) tenía el 73% y en Fargo (Dakota del Norte) más del 75% de mujeres activas tenían trabajo, la tasa más alta de EE.UU. También hay una variación significativa dentro de los estados estadounidenses: en California, la participación femenina en el ámbito laboral en 2010 fue del 62% en San Francisco, pero solo del 57% en San Diego, y en el estado de Pensilvania la ciudad de Filadelfia tuvo un 62%, pero solo hubo un 57% en Pittsburgh.

Investigaciones anteriores han explorado los factores que crean estas disparidades, desde las diferencias regionales en las actitudes sobre los roles de género hasta los diferentes ambientes en los negocios locales y los tiempos de desplazamiento. Aun así, no se sabe mucho sobre los efectos de estas disparidades y de cómo la participación de las mujeres en el mercado laboral afecta al crecimiento económico y a la productividad de las ciudades. De hecho, la mayor parte de la conversación sobre las mujeres y el trabajo gira en torno a cómo la economía impacta a las mujeres. Sin embargo, poco se conoce sobre cómo las mujeres afectan al trabajo y a la economía.

Analizando los datos de los censos de 1980 a 2010, investigué cómo la participación de las mujeres en la mano de obra influye en el crecimiento salarial en aproximadamente 250 áreas metropolitanas de EE.UU. A través de varias especificaciones del modelo, encontré de manera constante que, en la medida en que más mujeres se incorporaban al mercado laboral, las ciudades eran más productivas y aumentaban los salarios. Este estudio fue publicado recientemente en el Journal of Regional Science.

Puede parecer intuitivo decir que un mercado laboral más grande llevaría a una productividad y salarios más altos en el tiempo (en el último siglo hemos experimentado un aumento del PIB per cápita a medida que la fuerza de trabajo ha crecido), pero la teoría económica sugiere que podrían ocurrir dos cosas. Si más mujeres eligen trabajar porque las actitudes sobre el trabajo han cambiado, esto aumentaría la oferta de trabajo y reduciría los salarios ya que más personas compiten por el empleo. Pero también podría ocurrir que, si las mujeres se unen al mercado laboral porque hay más oportunidades de empleo, deberíamos ver un aumento en los salarios porque el cambio en la participación laboral es debido a un incremento de la demanda. En cualquier caso, a medida que más mujeres se incorporan a la economía, las características del mercado laboral también pueden cambiar.

Un aumento del 5% en los salarios

Para determinar qué sucedió con la economía de EE.UU. a medida que más mujeres comenzaron a trabajar, calculé las estadísticas de la fuerza de trabajo a partir de los datos del Censo y de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense sobre cuántas mujeres trabajaban en una ciudad en cada década y cuál era el salario real promedio por hora de ese área. Utilicé diferentes enfoques para controlar los factores que podrían afectar mis resultados (como el tamaño del mercado laboral y el nivel educativo) y para determinar la dirección de la causalidad.

El siguiente gráfico muestra la relación entre la tasa de participación femenina (FLFPR por sus siglas en inglés) en 1980 y el crecimiento promedio del salario real de 1980 a 2010 en un área metropolitana. La línea de tendencia indica que durante este período los lugares con mayor FLFPR experimentaron un mayor crecimiento del salario real que otras ciudades similares. Por ejemplo, en 1980 el 59,5% de las mujeres en Minneapolis (Minnesota) estaban en el mercado laboral frente al 53,4% ​​en Columbus (Ohio). Esta diferencia de más del 6% condujo a un aumento salarial medio superior al 4% en Minneapolis, que vio cómo los salarios medios crecieron de 1980 a 2010 unos 0,54 céntimos de dólar por hora (unos 0,44 euros por hora) más que los de Columbus.

Este aumento es significativo, ya que el 40% de las ciudades de nuestra muestra no experimentaron un crecimiento salarial real en estas tres décadas. En otras palabras, el trabajador medio en el 40% de las ciudades no está mejor en 2010 de lo que estaba en 1980. Esto necesita una breve aclaración: a pesar de los aumentos en el PIB per cápita, los salarios reales de muchos trabajadores se han estancado en las últimas décadas. Las ganancias del crecimiento económico se han acumulado de manera desproporcionada en las rentas más altas y las tendencias económicas más amplias (como la globalización y el cambio tecnológico) han conducido a una creciente desigualdad en EE.UU. y a un abandono de los trabajos de nivel medio. Estas tendencias han perjudicado particularmente a los hombres, como los que están en la manufactura, mientras que las mujeres se han beneficiado en gran medida del creciente sector de servicios. La mayoría de las ciudades, alrededor del 60% de nuestra muestra, experimentaron un crecimiento de los salarios reales a pesar de estas tendencias nacionales, debido en parte a una FLFPR más alta. Para una persona contratada a tiempo completo en Minneapolis que trabaja 40 horas a la semana, esa ganancia de unos 0,54 céntimos de dólar por hora (unos 0,44 euros por hora) equivale a una mejoría de casi 1.123 dólares (alrededor de unos 905 euros) por año. En una carrera de 45 años, eso equivale a una ganancia de más de 50.000 dólares (cerca de unos 40.330 euros).

Sin embargo, el cuadro también muestra que algunas ciudades estadounidenses vieron bajar los salarios reales medios a pesar de que más mujeres ingresaron a la fuerza laboral, como Anchorage (Alaska) y Flint (Michigan). Algunas ciudades experimentaron un crecimiento en los salarios reales medios a pesar de los bajos niveles de FLFPR, como Fort Myers (Florida). Esto se debe a que hay otros factores que afectan el crecimiento de los salarios en las ciudades además de la tasa de participación de la mujer en el mercado laboral. Por ejemplo, algunas ciudades estaban preparadas para experimentar un crecimiento salarial durante este período, independientemente de cuántas mujeres ingresaron en el ámbito laboral. Ciudades como San José (California) y Boston (Massachusetts), con economías más robustas y más industrias de alto crecimiento, esperaban un mayor crecimiento de los salarios que las ciudades como Flint, que sufrió un declive en su principal industria y una reducción en su economía. Revisamos el crecimiento salarial previo en las ciudades y utilizamos las tendencias de la industria nacional para predecir el crecimiento salarial que se espera en las ciudades. Con esto nos aseguramos de que realmente estábamos viendo el efecto que tienen las mujeres en el mercado laboral y no las tendencias más amplias de la industria.

De manera similar, las ciudades pueden tener un FLFPR más alto si tienen una mayor proporción de industrias y ocupaciones dominadas por mujeres, como la enfermería y otras industrias del sector terciario. Muchas áreas dominadas por hombres, como la manufactura, experimentaron un declive durante estas décadas y esto afectó particularmente a ciudades como Detroit y Flint y limitó las oportunidades de trabajo para hombres y mujeres. Debido a que una menor FLFPR en dichas ciudades puede deberse a esta disminución, revisamos la industria y las cuotas de ocupación (por ejemplo, la cuota de empleo en la ciudad para la manufactura) para separar esto del posible efecto que la tasa de participación femenina pudiera tener sobre el crecimiento económico.

Después de considerar distintos factores que pueden afectar el FLFPR y el crecimiento salarial (por ejemplo, los tiempos promedio de viaje y precios de la vivienda), los modelos sugieren que cada aumento del 10% en la tasa de participación femenina en un área metropolitana se asocia con un aumento del 5% en salarios reales medios, tanto para hombres como para mujeres. (Esta es una estimación conservadora, ya que algunos modelos sugieren un aumento aún mayor en los salarios reales medios, de hasta un 13% por cada 10% de aumento en la tasa de participación.) Si continuamos utilizando Minneapolis como ejemplo, después de tener en cuenta la estructura de la industria en la ciudad, allí el trabajador medio experimentó un aumento en los salario de unos 0,40 céntimos de dólar (unos 0,32 euros) por hora, o de 832 dólares (cerca de 670 euros) anuales, entre 1980 y 2010, comparándolos con los trabajadores en Columbus.

Una marea creciente

¿Por qué tener a más mujeres trabajando aumentaría los salarios medios? Hay algunas razones que hacen que esto sea posible: la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo podría aumentar la productividad general de la ciudad, ya que las mujeres pueden reemplazar a los hombres menos productivos (la evidencia está en la disminución de las tasas de participación masculina en las últimas décadas y los salarios más altos para los hombres que permanecen en el mercado). A medida que las mujeres superaban a los hombres en la obtención de títulos universitarios en 1982, también podían haber elevado el nivel general de habilidades en el área o haber introducido un conjunto diferente de habilidades complementarias.

Cuando las mujeres se incorporan a la economía de manera justa (es decir, cuando no enfrentan discriminación o no están segregadas en ocupaciones de baja remuneración y dominadas por mujeres), el efecto que tienen en las ciudades es aún mayor. Mientras que la tasa de participación femenina en todas las áreas metropolitanas ha aumentado en cada década entre 1980 y 2010, las mayores ganancias se lograron en la década de 1980, cuando las tasas de participación aumentaron casi siete puntos porcentuales (en comparación con una ganancia de solo un punto porcentual desde 2000 hasta 2010). Durante la década de 1980, las mujeres también obtuvieron los mayores avances en la reducción de la brecha salarial de género (que disminuyó casi un 6% entre 1980 y 1990, pero solo un 3% entre 2000 y 2010) y en la reducción de la ocupación y la segregación industrial porque más mujeres empezaron a trabajar en industrias que hasta entonces habían estado dominadas por los hombres. Durante esta década, las mujeres también tuvieron un mayor impacto económico, con cada 10% de aumento en FLFPR hubo un aumento en el salario real de más del 8%.

Regresemos a nuestro ejemplo para ver lo que esto significa: en 1980, Minneapolis no solo tenía el FLFPR más alto en comparación con Columbus, sino que las mujeres también representaban una mayor parte de su fuerza laboral total y empleo general y tenía una menor segregación de género por ocupación e industria. Cuando analicé la participación de las mujeres en el empleo (porcentaje del total del mercado laboral femenina) en lugar de la tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo (porcentaje de mujeres que están en la fuerza de trabajo), encontré que cada aumento del 10% en la participación de las mujeres en el empleo total se asocia con aumentos de salarios reales de casi el 8%.

Esto es consistente con otros análisis que han estudiado la participación femenina en el mercado laboral en todos los países: a medida que la participación de las mujeres aumenta en un 10%, el crecimiento de los salarios reales aumenta en casi un 10%. Este resultado también indica que el impacto del aumento de la participación de la mujer es distinto del impacto de aumentar la participación masculina. De hecho, un aumento del 10% en las tasas de participación masculina se asocia con una disminución del 3% en los salarios reales medios, probablemente debido a un cambio en la curva de oferta: más hombres compiten por los mismos empleos.

Aunque esta investigación responde algunas preguntas, deja muchas sin respuesta. Mi investigación sugiere que las empresas en las ciudades son cada vez más productivas mediante la contratación de más mujeres, pero el mecanismo exacto no está claro. Las mujeres pueden aumentar la competitividad de los mercados laborales, dando a las empresas la opción de elegir entre un grupo de solicitantes más grande y cualificado. También pueden proporcionar a las empresas un conjunto único de habilidades y perspectivas que los hombres no brindan. La inclusión de las mujeres en estos espacios de oficinas puede ayudar a las empresas a representar mejor a sus clientes y comprender las necesidades de estos, dado que ahora las mujeres toman la mayoría de las decisiones de los hogares y controlan la mayor parte del gasto de los consumidores.

Sin embargo, la tasa de participación de la mujer en el mercado laboral en Estados Unidos se ha estancado desde el año 2000. Alcanzó su punto máximo en 1999 cuando era de un 60%, pero desde entonces ha disminuido a cerca del 57%. Esta tendencia está en marcado contraste con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) donde la participación de la mujer en la fuerza laboral ha seguido creciendo. Esto sugiere que las actitudes de las mujeres sobre el trabajo están cambiando, tal vez porque a las mujeres en EE.UU. les resulta cada vez más difícil equilibrar el trabajo y la familia. Las pagas de licencias parentales, las políticas sobre el cuidado infantil asequibles y los horarios de trabajo más flexibles pueden ayudar a que más mujeres permanezcan en la fuerza laboral durante y después de sus años fértiles.

Cuando menos mujeres participan en la fuerza laboral, la economía opera sin los talentos y las habilidades del 51% de la población. Si las ciudades quieren aprovechar los aumentos salariales reales que resultan de un mayor número de mujeres en la fuerza de trabajo, deberían preguntarles a las mujeres qué es lo que quieren y encontrar maneras de satisfacer sus necesidades.

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