Que emprender no es fácil ya lo sabíamos. Que obtener financiación para montar un negocio o una startup es complicado, era algo que dábamos por descontado. Pero que si además quien lo solicita es una mujer, las cosas se complican, era algo que no queríamos saber… y que de nuevo sale a la luz. Como denuncian en “We Recorded VCs’ Conversations and Analyzed How Differently They Talk About Female Entrepreneurs” (un estupendo reportaje de Harvard Business Review), el tristemente famoso techo de cristal luce en toda su gloria también en el mundo emprendedor.

Para demostrar que las mujeres juegan con desventaja en este mundo, los analistas de HBR se trasladan a Suecia, país que sobre el papel parece poco sospechoso a la hora de discriminar a la mujer. Y se lo toman en serio: durante dos años se limitan a asistir y tomar notas sobre las conversaciones que se tienen en los distintos boards de capital riesgo (tanto públicos como privados) cuando se presenta un proyecto emprendedor. Registran qué porcentaje de proyectos son aprobados y de estos, cuántos están encabezados por mujeres. Y lo más importante, también registran las diferencias en el lenguaje que se emplea al considerar una startup encabezada por un hombre con respecto a la dirigida por una mujer.

En este periodo de tiempo descubren que aunque un tercio de las compañías suecas están dirigidas por mujeres, únicamente entre un 13% y 18% de las que reciben financiación, tienen a una como CEO o fundadora. Y este dato aunque es sorprendente, empeora cuando los investigadores analizan el lenguaje empleado a la hora de valorar los distintos proyectos.

Así por ejemplo la juventud de un emprendedor suele ser calificada de “prometedora”, mientras que si se trata de una mujer joven, se dice que “no tiene experiencia”. Si el hombre se muestra prudente se afirma que es “sensato y realista” mientras que si es la mujer la que es prudente se afirma “que es demasiado prudente y tiene miedo a arriesgarse”.

De la mujer suelen repetirse estereotipos como “entusiasta pero débil”, “experimentada pero demasiado conservadora” o “visionaria pero sin conocimiento del mercado”. Para el hombre en cambio la falta de experiencia nunca parece ser un problema. Pese a este defecto el hombre es “extremadamente capaz”, “un innovador competente” o incluso “agresivo pero buen emprendedor”.

Por supuesto todos estos estereotipos juegan un papel decisivo a la hora de decidir quién obtiene financiación y a quién se le niega. En este sentido el estudio llevado a cabo por HBR muestra cómo las empresas encabezadas por mujeres obtuvieron de media el 25% del capital demandado, mientras que en el caso de las masculinas, el capital ascendió al 52%. Incluso en los fondos públicos, normalmente mucho más generosos a la hora de aprobar proyectos, se constata esta tendencia. En este caso basta el 53% de las startups encabezadas por mujeres fueron rechazadas de plano, mientras que en el caso de las empresas capitaneadas por hombres, el índice de rechazo bajó hasta el 38%.

Y esto repetimos una vez más, es la situación de Suecia, uno de los países en teoría más comprometidos con la igualdad de oportunidades. Sería muy interesante conocer qué resultados obtendríamos si realizásemos este estudio en España.

Un artículo escrito por Rodolfo de Juana