Decir que YouTube se ha convertido en un coloso de la comunicación en vídeo digital solo sería rendirse a la evidencia de unas cifras que ratifican sus logros superlativos: Segundo portal más visitado a nivel mundial según el índice Alexa, aumento del tiempo de visionado en, al menos, un 50% interanualdurante tres años consecutivos, disponible en 76 idiomas y ya es un hecho que el 50% de las reproducciones proceden de dispositivos móviles…Todas estas cifras también obligan a reflexionar sobre la conveniencia y necesidad de contar con un marco seguro para anunciantes, que se manifiesta en lo que se conoce como “nuevas políticas” de Youtube.

Es importante destacar que estas directrices que se han anunciado recientemente y que han generado disparidad de opiniones son las mismas políticas de antes, la diferencia estriba en que el planteamiento y objetivo vigente pasa porque su aplicación sea efectiva de una forma más rigurosa que la que se ha realizado hasta el momento.

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Cuando se trata de una plataforma con un alcance de masas como lo es YouTube y de la que las marcas conocen su capacidad para llegar a un público de entre 14 y 34 años a través de los creadores de contenido o youtubers, se hace casi imprescindible crear un entorno seguro para los anunciantes y esta medida lo favorece.

Si, a pesar del desconocimiento inicial que un anunciante pueda tener de YouTube, encuentra un entorno de actuación delimitado querrá apostar por esta opción, y que incluso quiera repetir en futuras campañas, haciendo que la inversión aumente, tanto en volumen como en incremento del precio de los espacios publicitarios.

En definitiva, este paso que da YouTube de un gesto que tiende una mano hacia los anunciantes, dejando fuera de su Programa de Obtención de Ingresos a aquellos vídeos que cuenten con contenido violento, escenas de carácter sugerente, de violencia, que incite al consumo, venta o abuso de drogas o acontecimientos controvertidos de naturaleza bélica, política o tragedias.

Entre estas indicaciones, YouTube también hace una mención, que no debe caer en saco roto para quienes suben vídeos, y que contempla que si el vídeo incorpora contenido inapropiado porque se entiende dentro de un contexto en el que se busca ofrecer información o entretener y no ofender, puede quedar fuera de este Programa de Ingresos.

Por otro lado, al haber menos inventario apto para monetizar, la ocupación de los canales con contenido seguro debe incrementar. Este es un punto capital en el mercado hispanohablante, ya que los CPMs están muy por debajo respecto al de los países francófonos o anglosajones y esto repercute directamente sobre la calidad del contenido; ya que en la actualidad para poder obtener unos ingresos suficientes que permitan al youtuber o influencer tener la posibilidad dedicarle el tiempo necesario a la creación de contenido de forma recurrente, se encuentran en la tesitura de tener que centrarse en hacer gran cantidad de contenido y no en la calidad del mismo.

Desde que comenzara su andadura en febrero de 2005, YouTube ha crecido y evolucionado, convirtiéndose en algo más que un soporte novedoso para ver vídeos, ya que ha conformado una nueva forma de comunicar y eso incluye la forma de hacer publicidad. Si en los medios tradicionales se cuenta con mecanismos como por ejemplo, AutoControl, ¿por qué nos debería incomodar que se emitan unas normas básicas para aquellos canales que quieran acceder al Programa de Obtención de Ingresos de YouTube?

Crecer, y más cuando se hace a una velocidad vertiginosa y sin visos de decelerar como lo ha hecho esta plataforma de vídeos, implica, en muchas ocasiones, hacer cambios.

Un artículo de José Leyva Director ejecutivo de BLive (división digital del grupo Boomerang TV)