Cuando tenemos un mal día en la empresa acabamos por irnos a casa con cierta frustración, estrés, mal humor, etc. Hay cuestiones que los empleados tienen que saber gestionar con la ayuda de la inteligencia emocional en su puesto de trabajo. Se trata de evitar que nos afecten determinados aspectos del día a día que no podemos controlar o no están en nuestra mano.

Hay determinados aspectos que nos generan esta frustración que dependen de nosotros, que podemos solucionar o gestionar de forma diferente, pero otros vienen impuestos por decisiones de terceros. En estos casos poco podemos hacer, y tenemos que ser lo suficientemente inteligentes como para evitar que nos afecte.

Teamwork in the office

Porque si sabemos gestionar bien estas situaciones al final vamos a ser unos empleados más eficaces, esta gestión emocional positiva también se traduce en un mejor ambiente de trabajo. Salimos ganando nosotros porque no nos llevamos los malos humos a casa o incluso conseguimos hasta ser felices en el trabajo. Y también la empresa porque el entorno laboral no se enrarece con malas caras.

Al final el trabajador tiene que saber ver el lado positivo de su trabajo, evitando que prevalezca el lado negativo que nos lleva a la frustración. Por su parte la empresa también tiene que poner de su lado. Tiene que mostrar al trabajador las ventajas del puesto de trabajo y a la vez tratar de convencerle de que las decisiones que muchas veces le generan esta frustración tienen que ver con determinadas políticas estratégicas.

No es fácil gestionar estas situaciones de estrés. Sin embargo tenemos que encontrar el punto medio entre las ganas que muchas veces tenemos de salir por la puerta y cambiar de trabajo y la imposibilidad que tenemos en muchas ocasiones de hacerlo. Es necesario evitar que nos afecte y buscar los lados más atractivos del empleo que tenemos.

Un artículo escrito por Carlos Roberto