El dibujante Maddie Dai, ilustrador de The New Yorker, ha publicado esta mañana una viñeta que muestra la triste realidad de las mujeres en el trabajo.

¡Extra, extra! En el mundo laboral las mujeres lo tenemos bastante más difícil que los hombres.

Sólo hay que navegar un poco por la red para comprobar que, según las últimas investigacionesEspaña registró en 2016 una brecha de género del 73,84% y que aumentó su disparidad entre mujeres y hombres respecto a 2015, que sólo el 25% de los cargos directivos están ocupados por ellas y, en el caso de que así lo hagan, su sueldo es un 16% inferior al de sus homólogos masculinos.

Pero no sólo eso. Además tenemos que lidiar con las bajas maternales, con si llevamos (o no) la ropa adecuada o con el simple hecho de que tomen tu opinión en serio. De hecho, hay hasta una palabra para designar ese comportamiento que tienen los hombres cuando interrumpen a una mujer que está comentando algo (mansplaining). Y es que me cuesta encontrar a una de nosotras que no haya sufrido el famoso: “A ver bonita, te lo voy a explicar”.

Concretamente, la palabra mansplaining es un neologismo anglófono basado en la composición de las palabras varón y explicar, que se define como “explicar algo a alguien, generalmente un varón a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista”.

Tanto es así que el dibujante Maddie Dai, ilustrador de The New Yorker, ha plasmado en una viñeta la triste realidad de las mujeres en el mundo laboral.

En el dibujo se puede ver una revista que promete enseñar a las mujeres a ser más inteligentes, confiadas, asertivas, cálidas o agradables.

De hecho, en esta ilustración encontramos titulares de lo más irónicos como: 5 outfits para estar segura de ti misma y no quedarse embarazada / Cómo encontrar el momento perfecto para participar en una conversación / ¡8 páginas en blanco para decir lo que realmente desearías haber dicho!

Pero, ¿por qué ocurre esto? Según una investigación realizada por Madeline Heilman, profesora de psicología de la Universidad de Nueva York, los avances profesionales de las mujeres a menudo se ven obstaculizados por dos claros esteriotipos:

  • Los esteriotipos descriptivos: Son los adjetivos clásicos con los que, a lo largo de la historia, se ha descrito a una mujer (cariñosa, cálida, emocional, etc). Esto crea una especie de conflicto mental para muchos cuando una mujer desempeña un rol que, por lo general, desempeñaría un hombre y no cumple con esos tópicos.
  • Los esteriotipos prescriptivos de género: Éstos designan cómo deben ser las mujeres y los hombres. Aquí el problema surge cuando las mujeres son castigadas socialmente cuando no hacen lo que se supone que deberían hacer.

De hecho, numerosos estudios sustentan esta teoría. Por ejemplo, esta investigación señala que las mujeres son penalizadas en el mundo laboral si tienen un puesto que, por lo general, está considerado de hombres y no se muestran lo suficientemente sensibles o maternales.

Pero eso no es todo. Un estudio de la Universidad de Harvard demostró que las mujeres que se mostraban más predispuestas a negociar sus condiciones laborales con un reclutador eran penalizadas por el mismo, mientras que las que actuaban de forma pasiva no eran sancionadas.

Además, otra investigación de McKinsey & Co. y Lean In, que analizó datos de 132 compañías que empleaban a más de 4,6 millones de trabajadores, demostró que las mujeres solían tener más interés en negociar sus ascensos o subidas de sueldoque los hombres, pero el porcentaje de que estas negociaciones llegaran a buen puerto era mucho menor.

Este mismo estudio vino a demostrar que las mujeres que negocian sus condiciones laborales resultan un 30% más “intimidantes”, “agresivas” o “mandonas” que los hombres, y que tienen un 67% más de probabilidades de recibir feedback negativo que aquellas que se deciden no hacerlo.

¿Qué nos quiere decir esto? Que lo que esperan de nosotras es que no peleemos, que seamos cálidas, maternales y nos mantengamos en silencio.

Y es que volvemos a lo mismo de siempre. Cuando un hombre es duro en el trabajo es que tiene un “carácter fuerte”, pero cuando una mujer lo es la califican de “mandona”. Por esta razón, tenemos que luchar contra este tipo de esteriotipos, ya que las cosas tienen que cambiar.

Escrito por Ana Muñoz