Muchos trabajadores son terriblemente infelices en el trabajo y, aunque la insatisfacción laboral hunde sus raíces en multitud de causas, lo cierto es que los jefes son responsables de buena parte de las miserias profesionales.

Para motivar a sus empleados e impedir que sean víctimas de la temida infelicidad laboral, los jefes deben hacer mucho más que dar órdenes. Deben ser también grandes líderes. Y a un gran líder se le reconoce porque practica a diario los 6 hábitos que disecciona a continuación Inc.:

1. Son radicalmente honestos
Los superiores que son honestos con sus empleados propician que estos practiquen también con ellos la honestidad. Los jefes que van siempre con la verdad por delante (por mucho que ésta sea de todo menos hermosa) se ganan la confianza de sus empleados. Y la confianza es condición sine qua non para plantar la simiente de la motivación en los trabajadores.

2. Apoyan a sus trabajadores
Los buenos jefes se preocupan de cuidar de sus empleados cuando están atravesando por momentos complicados (tanto personales como profesionales). Y cuando los trabajadores se sienten “mimados” por sus superiores, desarrollan también más seguridad en sí mismos y en el trabajo que desempeñan.

3. Están dispuestos a ceder parte de su poder
A los líderes no les duelen prendas a la hora de desprenderse de parte de su poder para ponerlo en manos de los miembros de su equipo. Los jefes que son capaces de renunciar a parte de su poder en favor de sus empleados animan a sus subordinados a tomar decisiones por sí mismos y a ser proactivos (no meramente pasivos) en su forma de trabajar.

4. Están prestos a compartir su éxito (y su propio estatus) con los demás
Lejos de utilizar su posición de poder para obtener beneficios personales y profesionales, los líderes son humildes y comparten sus éxitos con los demás. Para ellos los triunfos más sabrosos son aquellos que se paladean en grupo, no en solitario.

5. Están dispuestos a pedir consejo a sus subordinados
Los buenos jefes son lo suficientemente humildes como para bajarse del pedestal y pedir consejos a sus empleados cuando se enfrentan a un problema cuya solución desconocen.

6. Son capaces de admitir sus errores
Los jefes engreídos y de ego inflado que son incapaces de admitir sus propios errores rara vez contarán con muchos discípulos, se tendrán que conformar en la mayor parte de los casos con un puñado de aduladores (que les alaban en público pero les desprecian en secreto). En cambio, aquellos que son suficientemente modestos como para reconocer sus propios errores lograrán conectar con decenas y decenas de incondicionales seguidores.

Un artículo publicado en Marketing Directo