Aunque suelen utilizarse como sinónimos, lo cierto es que un préstamo y un crédito no son el mismo producto financiero. Tanto los préstamos como las líneas de crédito sirven para financiarse y son muchos los emprendedores y las pymes que acuden a ellos, pero su funcionamiento no es el mismo y es importante saber a cuál recurrir según nuestras necesidades, señalan desde el comparador HelpMyCash.com.

Las principales diferencias

Es probable que al acudir a una oficina bancaria en busca de financiación para empresas, el cajero empiece a hablarnos de las bondades de su gama de productos, entre los que se incluirán los préstamos y las líneas de crédito. Pero, ¿en qué se diferencian? Este punto es importante porque nos permitirá saber cuál nos conviene más en cada caso.

Los préstamos son un contrato entre dos partes (prestamista y prestatario) por el cual la entidad entrega una cantidad de dinero concreta al cliente y este se compromete a devolverla en un plazo determinado, normalmente mediante cuotas periódicas, junto con los intereses devengados.

credito

Por el contrario, una línea de crédito es el derecho que ofrece la entidad al cliente a ir formalizando préstamos cuando lo necesite. Mediante la línea de crédito, el prestamista pone a disposición del prestatario una cantidad de dinero y le permite ir realizando disposiciones, sin superar el límite del crédito, durante un tiempo determinado.

Al igual que con el préstamo, cada vez que se realiza una disposición el cliente se compromete a devolver el dinero en un plazo concreto junto con los intereses que procedan. Las líneas de crédito suelen tener una duración determinada, durante la cual el prestatario puede hacer las disposiciones que necesite.

¿Cuándo me conviene cada uno?

La ventaja de las líneas de crédito frente a los préstamos es que en lugar de obtenerse una cantidad concreta de dinero, lo que se obtiene es la posibilidad de ir retirando dinero a medida que se necesita y por la cantidad que se necesite.

Además, a diferencia de lo que ocurre con los préstamos, cuando una empresa obtiene una línea de crédito no adquiere per se ninguna deuda ni debe ninguna cantidad y, por lo general, tampoco tiene que abonar ningún cargo.

Únicamente cuando disponga del saldo de la línea de crédito tendrá que abonar los costes correspondientes y será entonces cuando adquiera la deuda. Es por ello que las líneas de crédito son muy útiles como “cojín”: permiten a la empresa tener una cantidad de dinero disponible en la recámara, pero usarlo únicamente si lo necesita.

Son una buena solución para financiar circulante, operaciones puntuales que no requieran una inversión demasiado elevada o cuando se va a iniciar un proceso de inversión largo que requerirá una financiación prolongada. Sin embargo, las líneas de crédito suelen ser más caras que los préstamos, por lo que antes de firmar hay que valorar si la misma operación no puede financiarse con un préstamo.

Otra ventaja de las líneas de crédito es que pueden renovarse, mientras que los préstamos, una vez vencidos, no admiten renovación y se debe empezar de nuevo con el proceso de solicitud.

Por el contrario, un préstamo será útil para financiar proyectos de elevada cuantía, como la adquisición de material o la compra de un vehículo. Se trata de proyectos con un coste concreto que requieren de un único desembolso. No hay que olvidar que los préstamos suelen tener una finalidad específica y las entidades de crédito los conceden en el momento en el que se tiene la necesidad.

Un artículo publicado en Muy Pymes