Os explicamos en qué consisten los fondos de inversión, cuáles son sus tipos y cuál es su funcionamiento básico.

Cuando se trata de gestionar nuestros ahorros, existen muchas opciones de lo más variadas para sacar el máximo partido a ese dinero que tanto nos ha costado ganar: desde planes de pensiones hasta depósitos, pasando por fondos de inversión. De entre todas estas posibilidades, una de las que más interés despierta en muchos ciudadanos es la de los fondos de inversión, principalmente debido a la gran oferta existente en el mercado y las altas tasas de rentabilidad que prometen.

Un fondo de inversión no deja de ser un instrumento colectivo para comprar y vender acciones en Bolsa, con la salvedad de que nos olvidaremos de la labor diaria de vigilar la Bolsa y tan sólo tendremos que decidir el tipo de fondo que queremos, cuánto riesgo debemos asumir y cuáles son los tipos de negocios a que queremos que se destinen nuestros ahorros.

Pese a estar gestionados por expertos, los fondos de inversión presentan un riesgo mucho mayor que cualquier otra herramienta de ahorro al uso, con lo que debemos ser muy cautos y analizar bien nuestro perfil antes de arriesgarnos en este ajetreado mundo. De hecho, la mayoría de entidades gestoras no recomiendan contratar un fondo de inversión a personas sin conocimientos previos de los mercados bursátiles ni de otros instrumentos menos agresivos, como depósitos.

¿Qué son los fondos de inversión?

Los fondos de inversión también son llamados Instituciones de Inversión Colectiva (IIC), lo cual es una buena descripción de lo que realmente se trata: hablamos de vehículos donde distintas personas se unen para poner en común sus ahorros -patrimonio dividido en participaciones- y dejarlos en manos en profesionales para que ellos los gestionen de la manera más adecuada. 

Los fondos pueden invertir dicho patrimonio en todo tipo de activos, desde acciones hasta bonos, pasando por productos más complejos como derivados o divisas. También, dependiendo del objetivo del fondo, podemos estar dedicando nuestro dinero a la compra-venta de bienes no financieros, como viviendas o materias primas. A mayor complejidad (más orientación hacia la renta variable frente a la renta fija), más potencial de obtener beneficios pero también mayor exposición al riesgo.

Cada fondo de inversión detalla cómo se va a distribuir su cartera, tanto por tipología como por localización geográfica, en los folletos de contratación de los mismos. Esa filosofía básica debe mantenerse de principio a fin durante el ciclo de vida del fondo de inversión.

Por poner datos a los fondos de inversión radicados en España, un 67% de los mismos son de un perfil conservador (renta fija o monetarios), otro 10% se dedica a jugar con renta variable únicamente, mientras que otro 15% combinan ambas opciones. Nuestro país es mucho más precavido que otros mercados, como el europeo o el norteamericano, donde la renta variable representa en torno al 36% y el 56%, respectivamente.

Los fondos de inversión son extremadamente populares por su alta rentabilidad, que ronda de media el 5%, frente al 2% que obtendremos si invertimos en deuda española a 10 años o el casi residual 1% de hacer lo propio en depósitos bancarios.

Ventajas y riesgos de los fondos de inversión

Una vez sentadas las bases sobre lo que significa un fondo de inversión, es el momento de analizar cuáles son las ventajas y riesgos de estos instrumentos financieros:

  • Disponibilidad: frente a los planes de pensiones, que no se pueden retirar hasta el momento de la jubilación o en caso de paro de larga duración, el dinero destinado a un fondo de inversión puede recuperarse en cualquier momento, con tan solo avisar unas 72 horas antes.
  • Diversificación experta: Cualquier inversión particular no tendrá ni los conocimientos ni el acceso a los mercados como para construir una buena cartera de inversión que nos asegura una gran rentabilidad. Sin embargo, con un fondo, podremos contar con la asesoría continuada de un experto en la materia.
  • Seguridad ante la inestabilidad bancaria: Si bien otros productos dependen de la buena marcha del banco y nos podemos ver arrastrados por sus malos resultados económicos, los fondos de inversiones no están dentro del balance de las entidades, con lo que no perderemos el dinero en caso de bancarrota de un banco.
  • Control oficial: Los fondos de inversión están supervisados por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y no pueden ser contratados por personas sin conocimientos previos en el funcionamiento de los parqués salvo que acepten expresamente conocer los riesgos a los que se exponen.
  • Comisiones: Obviamente, la labor de los gestores profesionales de los fondos de inversión no sale gratis: sus administradores pueden llegar a cobrar hasta el 2,25% de comisión anual, tal y como establece la normativa vigente.
  • Tributación: Una de cal y una de arena en cuanto al tema fiscal. Por un lado, deberemos pagar grandes sumas por impuestos pero, al mismo tiempo, estas tasas solo deberemos abonarlas en el momento en que retiremos el dinero. Es lo que se conoce como diferimiento fiscal, retrasar el pago de tasas hasta el momento en que materializamos nuestros beneficios; algo que no puede hacerse con otros productos como los depósitos. Asimismo, si la venta de un fondo se debe a la contratación de otro fondo, tampoco deberemos pagar impuestos.

¿Cómo funciona un fondo de inversión?

Una de las grandes virtudes de los fondos de inversión es que su funcionamiento, al menos de cara al consumidor, es de lo más sencillo. El inversor tan sólo debe elegir el fondo adecuado a sus necesidades e intereses, para posteriormente adquirir las participaciones correspondientes en el mismo. Su aportación se convertirá en patrimonio del fondo a cambio de un precio llamado valor liquidativo (patrimonio del fondo dividido entre el número de participaciones en circulación).

La suscripción (compra) y el reembolso (venta) de las participaciones puede efectuarse en cualquier momento, con lo que el patrimonio aumenta o disminuye constantemente… y no sólo por la buena o mala marcha del mercado.

Escrito por Alberto Iglesias Fraga