Hacer frente a una emergencia, darse un capricho, afrontar un imprevisto…son algunas de las situaciones que han ayudado a posicionarse con fuerza en el mercado a las empresas de créditos rápidos, normalmente startups fintech que triunfan entre los consumidores que no precisan de grandes cantidades de dinero, pero que valoran la posibilidad de obtener liquidez de forma casi instantánea.

Frente a los préstamos bancarios, cuya línea de actuación tiende a ser conservadora, las empresas de crédito rápido asumen más riesgos. Así es habitual que este tipo de empresas concedan el importe deseado sin que el cliente tenga que aportar avales, nómina o garantías adicionales.

Como contrapartida, la cantidad que prestan es mucho más limitada que en el caso de una entidad financiera tradicional. En el caso de ¡QuéBueno!, una de las compañías más conocidas de este sector, la cantidad máxima que se puede pedir como crédito asciende a los 900 euros en el caso de que el cliente sea habitual y de 300 euros para nuevos clientes.

Para obtener uno de estos créditos inmediatos, normalmente lo único que deben hacer los clientes es completar el formulario de solicitud de la entidad acreedora. El deudor rellena los campos del formulario para que la entidad acreedora pueda verificar su identidad y gracias a tecnologías como Big Data y machine learning comprueba su capacidad para devolver el préstamo.

Si el crédito es aprobado, el usuario recibirá en su e-mail el contrato firmado en menos de diez minutos y el dinero habrá sido ingresado en su cuenta. Es importante señalar que dado el plazo que se impone para su devolución (normalmente no más de un mes) y el tipo de interés aplicado (superior al de una entidad bancaria) este tipo de soluciones resultan interesantes para casos puntuales y no en el caso de que sea necesario por ejemplo financiar un proyecto o realiza una inversión importante.

Via: Muy Pymes