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¿Por qué se recomienda que los niños aprendan jugando?

¿Conoces cuál es la importancia del juego para los niños? Su desarrollo cognitivo, social, físico y emocional necesita de esos instantes lúdicos y de ocio. En la siguiente lectura te describimos todos sus beneficios.

Uno de los consejos que siempre te dará un pedagogo o psicólogo infantil es que los niños aprenden jugando. Es algo que se da por medio de una interrelación con muñecos, coches, piezas de Lego o simples cajas de cartón, que estimulan su pensamiento simbólico. El cerebro infantil necesita a diario de dichas experiencias.

Asimismo, no solo es esencial que los pequeños disfruten de sus juguetes siempre que puedan. Estar con sus iguales al aire libre y llevando a cabo dinámicas lúdicas e imaginativas también es crucial para su desarrollo. Dichas actividades favorecerán la adquisición de habilidades básicas que les permitirán convertirse en personas competentes y felices.

Así las cosas, en este artículo te contaremos como los juegos no solo potencian la motricidad fina y gruesa de los niños, sino que son mecanismos necesarios para desarrollar su inteligencia y enseñarles a afrontar diferentes situaciones de la vida.

Si somos capaces de volver a ser niños, de mantenernos infantiles, más podemos entender por qué nos encanta el mundo y estamos abiertos a la comprensión y el entendimiento.

¿Por qué es importante que los niños aprendan jugando?

Jean Piaget fue un reconocido psicólogo que se centró en estudiar el desarrollo cognitivo e intelectual de los infantes. Uno de sus libros más conocidos es La formación del símbolo en el niño: imitación, juego y sueño (1945). Fue en esa obra donde presentó su teoría estructuralista del juego, un modelo clave para comprender la trascendencia de esta conducta en el desarrollo infantil.

Los juguetes, según Piaget, son materiales esenciales para la adquisición de competencias psicomotoras, sensoriomotoras, cognitivas y sociales del niño. En la actualidad todas las especies, incluidos los animales, se valen de esa experiencia lúdica para integrar habilidades y competencias básicas, tal como señala un interesante estudio publicado por Behaviour.

El juego es una herramienta que potencia la maduración cerebral y física de nuestros pequeños, a tal punto que prescindir de él o limitarlo tiene un serio impacto. Te ofrecemos más datos a continuación.

Jugar impulsa el desarrollo cognitivo

No es algo casual que la ciencia recomiende que los niños aprendan jugando. Es más, en un trabajo publicado en Frontiers in Psychology se asegura que los bebés de entre 12 y 19 meses se benefician del juego exploratorio. Estas vivencias estimulantes, en las que los pequeños interaccionan con diferentes objetos, favorecen su desarrollo cognitivo.

Asimismo, las actividades lúdicas también son parte cotidiana del trabajo en las aulas. La interacción con distintos juegos permite que la información se integre en la memoria de forma más significativa y duradera, debido al aumento de la atención y la liberación de endorfinas y serotonina.

Pero no solo eso, estos procesos facilitan el desarrollo de habilidades básicas. Te detallamos algunas:

  • Memoria y comprensión: a veces, el objeto más insospechado actúa como herramienta para que exploren el mundo, lo comprendan y unan nuevos aprendizajes que recordarán siempre.
  • Atención: el juego favorece esta competencia cognitiva al estar guiado por la conducta motivada. Los procesos atencionales terminan de madurar pasados los 20 años, pero si se estimulan desde la infancia, los resultados se notan en la adolescencia.
  • Corteza prefrontal: las tareas lúdicas impulsan el desarrollo de esta área tan relevante del cerebro humano. En esta región se localizan la mayoría de las funciones ejecutivas, tales como la memoria, la reflexión y el pensamiento lógico.
  • Resolución de problemas: la conducta de juego crea las primeras situaciones en las que el niño se ve obligado a hacer frente a nuevos desafíos. Resolver un rompecabezas, montar un Lego o cualquier otra tarea manipulativa integran esta competencia.
  • Pensamiento crítico: esta es, sin duda, una habilidad intelectual de gran valor. Gracias a esos instantes divertidos y estimulantes, los niños comprenden la relación entre una causa y su efecto. Se hacen preguntas, experimentan, ensayan y adquieren un enfoque más despierto y crítico sobre su realidad.

Jugar brinda aprendizajes socioemocionales y conductuales

Jugar es la mejor herramienta para que el niño descubra su realidad y a sí mismo. En ese sentido, un juguete a menudo hace el papel de un ser simbólico con el que interactúan, reflexionan y originan fabulosos mundos paralelos. Otras veces, es una herramienta que les permite relacionarse con otros niños y aprender cómo se vive en sociedad.

En una investigación divulgada por la revista Procedia, Social and Behavioral Sciences se reseña que el juego promueve tanto la confianza como las habilidades sociales. En este sentido, los infantes obtienen las siguientes ventajas de las actividades lúdicas:

  • Desarrollan la autodisciplina.
  • Mejoran las habilidades sociales.
  • Conectan con sus sentimientos y los expresan.
  • Despiertan su interés por explorar su entorno.
  • Empiezan a comprender y seguir instrucciones.
  • Imitan el mundo de los adultos para entenderlo mejor.
  • Interactúan con mecanismos que impulsan la tolerancia a la frustración.
  • Su independencia se favorece, dado que pueden pasar tiempo solos sin la presencia de padres.
  • Hay una mejor regulación emocional, ya que los juegos ayudan a reducir el estrés y la ansiedad.
  • Integran competencias de negociación con sus iguales al trabajar en grupo y resolver conflictos.

Desarrollo de la psicomotricidad

Manipular piezas pequeñas, montar, completar, dibujar, modelar, hacer una casa de cartón, ir en bici, correr… Los niños necesitan participar en tareas estimulantes que favorezcan su motricidad fina y gruesa. Como ya sabes, nuestros pequeños llevan una vida cada vez más sedentaria, lo cual puede originar un serio impacto en su desarrollo psicofísico y locomotor.

Una buena motricidad fina, por ejemplo, es clave para poder asentar las habilidades de escritura. Asimismo, su coordinación y agilidad dependen de favorecer en el niño el juego al aire libre, lo cual motiva la actividad física, que es necesaria para su salud, desarrollo y bienestar. De hecho, así lo resalta una investigación publicada en Child: Care, Health and Development 

Permite que los niños dispongan de varias horas de juego libre y no estructurado cada día. Darles autonomía para que se sumerjan en tareas lúdicas que ellos mismos inventen actúa como un gran revulsivo para su desarrollo cognitivo y emocional.

Maduración del pensamiento creativo y resolutivo

Recomendar que los niños aprendan jugando es también una forma de impulsar su imaginación y resolución. Todos venimos al mundo siendo creativos, pero esa competencia debe cuidarse y potenciarse en la infancia. De este modo, si le ofreces a los pequeños estímulos lúdicos que desafíen su ingenio y despierten su curiosidad, en unos años se convertirá en un adulto innovador.

En la mente de todo niño/a, un paraguas puede ser una nave espacial, unas piedras de colores se usan como amuletos mágicos y un tubo de cartón se convierte en un telescopio para ver las estrellas. En consecuencia, no olvides que, a veces, la tecnología no es el único medio para incentivar su creatividad. Los objetos más simples pueden tener en sus manos grandes posibilidades.

El juego mejora la alfabetización

Los niños nacen con un cerebro programado para el lenguaje y la comunicación. El juego y la interrelación con las figuras de su entorno actúan como facilitadores que promueven la alfabetización. Gracias a esos objetos lúdicos, aprenden palabras, expresan frases, se comunican con los adultos y otros niños, entre muchas otras actividades.

En un trabajo publicado por Journal of Education se plantea que los juegos de simulación y el lenguaje comparten procesos simbólicos, lo cual permite que los pequeños puedan, poco a poco, comunicar emociones y pensamientos. Por ende, se trata de experiencias demasiado enriquecedoras que debes siempre motivar en los más pequeños.

¿Cuáles son las mejores actividades lúdicas para promover el desarrollo infantil?

Si tienes hijos, sobrinos o eres educador/a, te interesará saber cuáles son las mejores herramientas para que los niños aprendan jugando y así potenciar su desarrollo.

En este sentido, debemos decirte que, aunque a menudo se critica a la tecnología, esta es una herramienta que bien utilizada puede ser una excelente aliada. Lo decisivo es saber combinar lo digital con lo experiencial y manipulativo. Te damos todas las claves a continuación:

  • Juegos de construcción: son un clásico. Tareas como montar estructuras mediante los conocidos bloques de Lego promueven su creatividad y el pensamiento espacial.
  • Juegos cognitivos: para este fin puedes ofrecerles los clásicos juegos de mesa o hacer uso de las aplicaciones en las tabletas o teléfonos inteligentes. Los juegos matemáticos o de resolución de problemas siempre resultan atractivos.
  • Juegos simbólicos: son aquellos que permiten a los niños desarrollar su imaginación y la creatividad al asumir algún rol de la vida real. Ejemplo de ello es pedirles que jueguen a ser científicos, astronautas, artistas, arquitectos, etc.
  • Juegos al aire libre: los niños necesitan el aire libre, conectar con la naturaleza, explorar, correr, interaccionar con sus iguales en el exterior… Estas actividades cuidan de su salud física y mental. Además, potencian las habilidades motoras y sentido de la aventura.
  • Artes y manualidades: tal y como lo señalábamos con antelación, tareas como dibujar, modelar y realizar manualidades estimulan la creatividad de los niños y, sobre todo, la coordinación mano-ojo, clave en las habilidades motoras finas y cognitivas.

Jugar, un ejercicio de salud que no tiene edad

Ya sabes que es esencial que los niños aprendan jugando. Por tanto, aunque los pequeños tengan sus obligaciones escolares, no dudes en darles cada día unas cuantas horas que les permitan liberar su inventiva, hacer volar su imaginación y crear obras asombrosas a través de sus manos. Todo ello incide en su salud física y emocional.

Ahora bien, recuerda que jugar no tiene edad y que también los adultos se benefician de esos momentos lúdicos. No lo dudes, comparte tiempo con los más pequeños y diviértete a su lado, sé su estímulo, el facilitador que erige para ellos varios mundos en los que pueden divertirse y soñar. Esos momentos persistirán siempre en nuestra memoria emocional y la de ellos.

Valeria Sabater.