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Ya no me alojo en Airbnb: es moralmente cuestionable y los hoteles son más baratos y mejores en todos los sentidos

Fui una de las primeras usuarias de Airbnb. Cuando apareció por primera vez en 2008, parecía perfecto para viajar con grupos grandes, y yo estaba en esa etapa de la vida en la que siempre había una boda o una despedida de soltera a la que ir.

Estaba muy bien poder tener una casa grande y alojarme con todas mis amigas en vez de tener que coger varias habitaciones de hotel. Además, era más barato. Desde el punto de vista económico, tenía sentido dividir los gastos entre todas, y fue divertido tener esa sensación de compañerismo.

También me encantó que pudiéramos hacer la compra y cocinar en lugar de comer fuera todas las noches. Me alojé en airbnbs en todas partes, desde Nueva Orleans hasta Costa Rica y la India. Me resultaba más cómodo y divertido que la mayoría de los hoteles.

Utilicé Airbnb durante casi una década antes de empezar a dudar

Empecé a darme cuenta de las elevadas tarifas de limpieza, que me parecían ridículas. Luego estaban las normas y requisitos, como tener que limpiar lo que ensucias antes de irte.

No soy una vaga ni nada por el estilo, pero tener que fregar todos los platos, limpiar las encimeras, quitar las sábanas y lavar las toallas me parecía demasiado. Y encima me seguían cobrando la limpieza.

Empecé a pensar que, desde el punto de vista económico, ya no tenía sentido alojarse en airbnbs, y luego empecé a tener dudas morales al respecto

Vi lo que estaba haciendo a los mercados locales de vivienda, incluyendo mi casa en la ciudad de Nueva York, donde había más anuncios de Airbnb que apartamentos disponibles en 2022.

Y no era solo Nueva York: en Ciudad de México, los estadounidenses estaban alquilando apartamentos en Airbnb a otros estadounidenses a precios que muchos locales no podían permitirse.

Es tan triste pensar que los locales están siendo expulsados de sus propias ciudades por los inversores que compran propiedades para convertirlas en airbnbs.

Cuando empecé a ver historias como esta, no podía quitármelas de la cabeza. Y pensé: ¿Realmente quiero formar parte de esta tendencia increíblemente problemática? La respuesta fue un no rotundo.

Si a eso le sumamos el aumento de los costes y las normas de alojarse en Airbnb, oficialmente he vuelto a los hoteles.

Ahora que he terminado con Airbnb, me siento aliviada

Me alojé en un hotel recientemente con mi familia, y fue increíble. No solo era 160 dólares (145 euros) más barato que un Airbnb, sino que además tenía muchas comodidades. No era nada lujoso, pero había olvidado lo lujosos que pueden ser incluso los hoteles de gama media. Había café y desayuno en el vestíbulo cada mañana, y el personal limpiaba nuestra habitación cada día mientras estábamos fuera.

También era agradable saber que había un empleado del hotel las 24 horas del día. Me hizo sentir más segura que alojarme en una casa independiente. Eché de menos tener una cocina para cocinar mi propia comida, que es uno de los pros de muchos airbnbs.

Tenemos un viaje próximamente y, en un mundo ideal, nos alojaríamos en un bed and breakfast de propiedad local. De ese modo, disfrutaríamos del encanto de un lugar local y sabríamos que el dinero se destina a los propietarios y a la comunidad. Eso sería lo ideal.

Tal vez sea la tendencia de mi círculo social –trabajo en una organización de justicia social–, pero parece que la gente se está alejando de Airbnb. Queremos ser conscientes de los efectos que nuestras decisiones tienen en nuestros bolsillos y en otras personas. Airbnb simplemente ya no se alinea con nosotros, ni financiera ni moralmente.

Fortesa Latifi,