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6 trampas para turistas que vale la pena visitar

Se ha hablado mucho de evitar las trampas para turistas cuando se viaja. Se dice que están abarrotadas de gente, que son horteras y caras, y que a menudo no permiten hacerse una idea completa de la cultura de un lugar.

Algunos sitios, sin embargo, consiguen atrapar a miles de visitantes por una razón: son realmente extraordinarios.

En mis viajes, que me han llevado a casi 20 países, he podido ver las dos caras de la moneda: los lugares de los que estoy deseando salir y los que realmente he disfrutado y volvería a visitar.

En Estados Unidos, la Estatua de la Libertad y Ellis Island son visitas obligadas para turistas y locales.

Estatua de la Libertad (izquierda) y Museo Nacional de la Inmigración en Ellis Island (derecha).Jordan Parker Erb/Insider, Beata Zawrzel/NurPhoto via Getty Images

El año pasado, durante mi primera visita a la Estatua de la Libertad, me sorprendió lo mucho que aproveché la experiencia.

Fui con mis padres en ferri desde el barrio de Battery Park, en Manhattan. Nuestras entradas, que costaban unos 25 dólares (23 euros) cada una, nos daban acceso a dos destinos: la Estatua de la Libertad y Ellis Island.

La primera parada fue Liberty Island, hogar de la mismísima Dama de la Libertad, donde paseamos por su perímetro, admirando el monumento y las vistas de la ciudad.

Lo que realmente me gustó, y recomendaría a cualquiera que visite Nueva York, fue Ellis Island. Tras haber visto pasar a millones de inmigrantes, Ellis Island y el museo que la acompaña son un notable recordatorio de la historia de la inmigración en el país.

Lo único que lamento es no haber podido pasar más tiempo paseando por el museo.

Petra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y una de las siete maravillas del mundo, es una proeza intemporal del ingenio humano.

Conocida por muchos por su papel en Indiana Jones y la última cruzada, Petra es una ciudad jordana excavada en un cañón de arenisca roja.

Según la Unesco, la ciudad ha estado habitada desde la prehistoria y ha sido hogar de nabateos, romanos, cristianos y musulmanes durante siglos.

Las entradas para entrar en Petra eran más caras: unos 70 dólares (64 euros) por persona. Pero caminar por sus cañones, contemplar los restos de las casas, el monasterio y el Tesoro —su fachada más famosa— es como adentrarse en el pasado de la humanidad y merece la pena.

Me quedé solo una tarde a finales de 2022, pero como la antigua ciudad abarca más de 260 km², me hubiera gustado dedicar un día entero a explorarla. Hay mucho más que ver además del Tesoro, y merece la pena dedicarle uno o dos días completos.

Me encantó visitar la Torre Eiffel, el monumento más emblemático de París.

Cuando visité París por primera vez el verano pasado, sabía que tendría que ver la Torre Eiffel.

Aunque no estaba convencida de que las vistas desde arriba fueran tan impresionantes, no tenía ningún interés en pagar para subir. En lugar de eso, preparé un pícnic para ir a un parque gratuito frente al monumento.

Los alrededores estaban repletos de turistas y vendedores de baratijas o botellas de agua, pero el espacio era lo bastante grande para dispersarse y no parecía demasiado abarrotado.

Me encantó sentarme en la hierba, cenar y observar a la gente, y volvería a hacerlo la próxima vez que visite el lugar.

Creo que merece la pena pagar por un paseo en uno de los clásicos coches cubanos de colores.

Este es menos un lugar y más una actividad, pero, aun así, lo recomiendo.

A mediados del siglo pasado, Cuba importó 125.000 vehículos estadounidenses, según Business Insider. Pero en 1959, mientras el país estaba bajo el control de Fidel Castro, se prohibieron los coches importados, lo que básicamente congeló las calles en los años cincuenta.

Eso llevó a la imagen de los coches cubanos que muchas personas conservan hoy: coches brillantes como Cadillac’s y Chevrolet’s en cada calle.

Mientras estuve en Cuba en 2018, di unos cuantos paseos en los coches de colores pastel. Mis compañeros de viaje y yo hicimos un breve recorrido por La Habana, y luego tomamos uno para ir de la capital a Matanzas, una ciudad a unas dos horas de distancia.

No recuerdo el precio exacto, pero recuerdo que decidí que merecía la pena. Y aunque parece algo que hacen todos los turistas que vienen a Cuba, creo que es por una buena razón: es una auténtica pasada.

Volví varias veces a Marrakech, la bulliciosa y vibrante medina de Marruecos.

A los visitantes de Marruecos les resultaría difícil marcharse sin visitar una medina, y el extenso casco antiguo de Marrakech suele ser la principal elección.

Viví cuatro meses en Marruecos durante la universidad y visité la medina varias veces. Su plaza central, Jamaâ El Fna, está llena de vendedores, puestos de fruta, restaurantes y artistas, y es una de las principales atracciones para quienes visitan la ciudad.

Más allá de Jamaâ El Fna hay un laberinto de callejuelas bordeadas de casas, tiendas y mezquitas. Es un laberinto por el que es fácil pasar un día, o más, recorriéndolo. Es una versión de las medinas de las ciudades de Oriente Próximo y el norte de África. Me pareció una representación exacta, aunque sin duda comercializada, de otras medinas que he visitado.

Aunque a veces me resultó abrumadora, disfruté deambulando y perdiéndome por sus sinuosas calles, y la considero una visita obligada cuando se piensa en recorrer Marruecos.

Andrea Gómez Bobillo