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Llevo 20 años viajando sola por el mundo: a qué ciudades no volvería nunca

La primera vez que viajé sola tenía 15 años. Era una tímida tenista y pasé dos meses recorriendo Austria, Suiza y Alemania en Eurail, en una liga de tenis junior.

Aunque mis sueños de convertirme en profesional quedaron atrás, aquel viaje dejó huella en mi vida. He pasado temporadas viviendo en París, Praga y Estambul, y desde entonces he viajado sola a innumerables ciudades y a todos los continentes, tanto por trabajo como por placer. Viajar sola es una de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras que puede vivir una persona.

Aunque me encanta viajar sola, prefiero volver a algunos lugares en grupo o con un compañero de viaje. He aquí una lista de algunas de mis ciudades favoritas a las que he viajado sola, incluidas algunas a las que no volvería a viajar sola.

1. Okinawa, Japón

He viajado sola a Japón varias veces a lo largo de los años. Desde las termas de Beppu hasta una ruta gastronómica autoguiada por Osaka, he comprobado que moverse por Japón en autobús y tren es increíblemente seguro y eficiente, por lo que lo considero un destino ideal para viajar en solitario. Este año viajé sola por primera vez a Okinawa.

A menos de dos horas de vuelo de Tokio, esta isla subtropical está declarada Zona Azul y cuenta con algunos de los paisajes más bellos y la gente más amable que he conocido. Ideal para los amantes de la aventura y cualquier persona interesada en la espiritualidad, la historia, el senderismo, el submarinismo y la vida al aire libre, volvería en solitario sin dudarlo por la seguridad y la amabilidad de los lugareños de aquí.

2. Bad Ragaz, Suiza

uiza tiene fama de ser un destino seguro para los viajeros en solitario y, tras diez días recorriendo Suiza en tren, puedo confirmar que esa fama es cierta. Durante mi visita a Bad Ragaz, Suiza, me sentí increíblemente segura, lo que siempre es una prioridad para mí.

Bad Ragaz, donde se encuentran algunos de los mejores balnearios y fuentes termales naturales del mundo, es una ciudad termal tranquila e idílica. Me encantó hacer senderismo por los cinco lagos del monte Pizol, y volvería sola. Mi estancia en un hotel termal tradicional de la ciudad sigue siendo la mejor experiencia balnearia que he tenido hasta la fecha.

3. Hanói, Vietnam

Pasé la mayor parte del verano viajando de mochilera por el Sudeste Asiático. Nunca había estado en esta parte del mundo y me intimidaba la idea de viajar sola por primera vez. Estoy muy contenta de haber superado mis miedos.

Me desafié a mí misma de formas que nunca pensé que lo haría, y la experiencia fue muy gratificante. Pasé la mayor parte del tiempo sola en Hanói, Vietnam. Me gastaba poco dinero al día en comidas y me enamoré del café helado vietnamita. Además de lo rentable que resultaba viajar sola, los vietnamitas me resultaron increíblemente acogedores.

He viajado sola a Hanói dos veces y no dudaría en volver a hacerlo. Aun así, vaya donde vaya, siempre compruebo las advertencias de viaje y comparto mi ubicación con amigos cercanos y familiares.

4. Phucket, Tailandia

La primera vez que viajé a Phuket (Tailandia) lo hice sola por motivos de trabajo. Me lo pasé genial practicando yoga, visitando un templo de monos y comiendo deliciosa comida tailandesa hasta hartarme.

Phuket es un popular destino de fiestas y lunas de miel, y a menos que vuelva con mi marido, algunos amigos o a un retiro de yoga, no volvería a Phuket sola. Muchos de los lujosos resorts de playa, incluido Sri Panwa, donde me alojé, atienden a parejas y familias.

La próxima vez preferiría compartir la experiencia con mi marido en unas vacaciones románticas o con un grupo de amigos para vivir la fiesta de la isla.

5. Dublín, Irlanda

Uno de mis primeros viajes importantes me llevó a Dublín (Irlanda). Ya había viajado a Irlanda antes con mi familia y me entusiasmaba la idea de volver y vivir la experiencia a mi manera. Me entusiasmaba adentrarme en la cultura local y visitar lugares como la biblioteca del Trinity College y pasear por St. Stephens Green.

Una de las cosas que más me gusta de viajar sola por aquí (o por cualquier sitio, en realidad) es colarme en un pub para tomarme una pinta. En Irlanda, la gente es muy accesible y siempre está dispuesta a charlar, una de las muchas razones por las que volvería sola a esta ciudad.

Una tarde, me apunté a una ruta literaria a pie por Dublín y acabé conociendo a un escritor en un pub histórico llamado The Palace Bar, y desde entonces seguimos en contacto.

6. Estambul, Turquía

Viví y trabajé en Estambul (Turquía) unos meses durante mis estudios de posgrado, y sigue siendo una de las experiencias más enriquecidoras de mi vida. Me encantaban mi barrio y mi apartamento de Beşiktaş, y pasaba la mayor parte de los fines de semana explorando la ciudad y el resto de Turquía.

Estambul ha cambiado considerablemente en los años transcurridos desde que viví allí, y aunque consideraría viajar sola a Estambul de nuevo, no viajaría por el país tan libremente sola debido a los continuos problemas de seguridad.

7. Tel Aviv, Israel

La primera vez que viajé a Israel lo hice sola, soltera y con veintitantos años. Acabé conociendo a algunos de mis mejores amigos hasta la fecha en este viaje, incluido un buen amigo que vive y trabaja como guía turístico en Tel Aviv.

La escena artística, los restaurantes y la vida nocturna de Tel Aviv, una ciudad increíblemente vibrante, son insuperables, y aunque me pareció seguro pasear y explorar, es una ciudad que creo que se disfruta mucho más en compañía de amigos.

Los Uber no eran fiables y los taxis para moverse por la ciudad eran caros. Debido al alto coste del transporte, y dado que es más divertido salir y experimentar la vida nocturna con amigos de todos modos, preferiría volver a Tel Aviv con un grupo.

8. Port Douglas, Australia

Port Douglas, en Queensland (Australia), es una de las ciudades más bonitas que he visitado nunca y combina una exuberante selva tropical, hermosas playas, restaurantes relajados y bares frente al mar. La ciudad es conocida sobre todo por ser un punto de partida hacia la Gran Barrera de Coral, y aunque me encantó mi visita en solitario, no volvería sola.

Port Douglas me conquistó por su abundante belleza natural. Es un lugar que tiene muchas cosas interesantes que hacer, pero me gustaría compartirlo con un compañero de viaje la próxima vez. Hay un restaurante escondido en la selva de Port Douglas en el que han estado desde Mick Jagger hasta David Bowie, y es un lugar demasiado especial como para no compartirlo con mi marido si alguna vez vuelvo.

Andrea Gómez Bobillo