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Consejos para viajar en solitario: cómo ser positivo y sentirse menos solo

Viajar en tren por Estados Unidos, Canadá y Europa, navegar por el Mar Caribe en el crucero más grande del mundo y tomar vuelos de larga distancia del Pacífico al Atlántico: lo he hecho todo sola.

Pero no siempre he viajado sola. Cuando era pequeña, viajaba con mi familia y amigos. Entonces, la idea de viajar sola me resultaba aterradora.

Hoy, de adulta, la mayoría de mis viajes los hago sola. Como vivo en Nueva York, a menudo viajo sola para visitar a mis seres queridos en distintas partes del mundo, desde Texas hasta Guam.

También me encuentro a menudo de aventura sola debido a mi trabajo como periodista. Después de dos años como reportera de viajes, he explorado sola EEUU, Alemania, Austria, México, Honduras, las Bahamas y las provincias canadienses de Ontario y Québec.

Acostumbrarme a viajar y explorar por mi cuenta me llevó algún tiempo y me costó el no tener a nadie con quien compartir el proceso. E incluso después de todos estos viajes, todavía me cuesta dejar de darle vueltas a la cabeza cuando estoy sola, sobre todo en otros países. Pero también he descubierto cómo mejorar mi mentalidad en esos momentos difíciles.

Combate la soledad con gratitud

Cuando viajo sola, uno de los mayores obstáculos que se me pasan por la cabeza es la soledad.

Pero recordar por qué estoy de viaje y las ventajas de estar sola —como la libertad total para hacer lo que quiera— me ayuda a sentirme mejor.

En esos momentos de aislamiento abrumador, me centro en sentirme agradecida por un trabajo que me permite viajar y recuerdo que estar sola me ayuda a crecer y a aprender más sobre mí misma.

Cuando viajo sola, puedo elegir cada medio de transporte, alojamiento y actividad. Esto me da la oportunidad de probar cosas nuevas y descubrir lo que me gusta y lo que no.

Por ejemplo, mis viajes en tren me enseñaron que me encanta viajar sobre raíles, incluso de noche. Pero reservar literas en vagones compartidos me hizo darme cuenta de que necesito reservar habitaciones privadas para dormir bien.

Celebra las pequeñas victorias y no te obsesiones con los errores

Mis viajes nunca son perfectos. A veces llego a la estación de tren equivocada, me pilla la lluvia y me cuesta dormir. Pero cuando le doy vueltas a estos contratiempos, me siento muy negativa e incapaz de disfrutar de la experiencia.

Por eso, al principio de mis viajes, tomo la decisión consciente de seguir adelante y centrarme en lo que puedo controlar, como llegar pronto a las estaciones, comprar un paraguas y tomarme más tiempo para dormir. Estas pequeñas victorias me levantan el ánimo.

Una vez llegué a Viena en un tren nocturno desde Berlín, en un vagón compartido. No había dormido nada y estaba agotada. Sabía que no podría entrar en el hotel hasta las 15:00 y que necesitaba descansar.

Así que me centré en lo que podía controlar y empecé a buscar hoteles donde dormir. Una vez que salí de la estación, empecé a entrar en hoteles al azar para reservar una habitación. Al tercer hotel, conseguí una. Tuve que pagar por toda la noche, aunque solo estaba durmiendo una siesta, pero pensé que era un pequeño precio a pagar por un lugar seguro y cómodo donde dormir.

Me lo tomé como una pequeña victoria que celebrar. Me centré en la solución y encontré exactamente lo que necesitaba.

Mis viajes están llenos de pequeñas victorias como esta, como fue cruzar por fin el puente de Nueva York a Canadá después de un viaje de 10 horas en tren desde Nueva York, o encontrar un delicioso puesto de kebab al lado de un parque mientras visitaba Viena. Estas pequeñas victorias me ayudan a mantenerme positiva y recomiendo encarecidamente a otros viajeros en solitario que hagan lo mismo si tienen dificultades.

Cuando viajo sola, no pensar en lo que me pasa por la cabeza es todo un reto, pero cuando me centro en los aspectos positivos, al final de cada viaje soy una persona que resuelve mejor los problemas y tiene más confianza en sí misma.

Andrea Gómez Bobillo