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Spulu: cómo el streaming da un paso más hacia la reconfiguración de su modelo económico con un mantra claro, la asociación, y un nuevo contenido estrella, los deportes

La noticia saltaba pocas horas antes de que Disney presentase sus últimos resultados trimestrales. La compañía, que ya opera en el sector del streaming de deportes a través de ESPN+, anunciaba una nueva iniciativa cuyo modelo organizativo recuerda mucho a los orígenes de Hulu.

Este nuevo Hulu de los deportes (o Spulu, tal y como lo ha bautizado la prensa especializada en EEUU a falta de nombre oficial) se basa en la misma premisa de la histórica plataforma: ser un abrevadero de contenido no exclusivo que aportan las empresas propietarias (Disney, Warner Bros Discovery y Fox), unidas en una joint venture participada a partes iguales y que se encargará de la gestión diaria.

La plataforma, además, se podrá agregar a otros servicios, como Disney+, Hulu o Max. El anuncio causó gran sorpresa por sus implicaciones. Spulu no tendrá, ni de lejos, toda la oferta del mercado, ya que existe una parte importante de derechos que están en manos de NBC y CBS. Pero tendrá lo suficiente como para justificar una tarifa mucho más barata que los paquetes de televisión por cable y más cara que los precios medios del streaming generalista (y que los analistas fijan en unos 50 dólares).

Sobre el papel, parece que sería posible capitalizar la explotación digital de contenidos en lugar de dilapidarlos, como ocurrió durante la Streaming Wars. La gran pregunta que se plantea es qué ocurrirá con la otra vía de explotación económica: la televisión por cable.

Bob Iger, CEO de Netflix, se ha convertido en el embajador del proyecto, algo que lanza un mensaje muy claro al mercado. De un lado, despeja parte de las dudas que han pendido sobre su gestión durante el último año. De otro, perfila el que será el modus operandi de las majors en la posguerra del streaming: hacer un frente común usando un negocio tradicional reacondicionado para hacer frente a la amenaza de las compañías 100% digitales.

Iger ha hecho suya parte de la filosofía de David Zaslav, CEO de Warner Bros Discovery. Zaslav fue el primero que defendió sin complejos el bundle de plataformas como solución a los grandes males que el negocio directo al consumidor ha supuesto para las compañías de medios tradicionales.

El lanzamiento del proyecto, previsto para otoño de este año, no será pan comido. De entrada, tendrá que superar el escrutinio de la autoridad reguladora, que podría poner peros a semejante concentración de oferta en un único operador.

También será necesario convencer a un cliente potencial cada vez más saturado de oferta y con un desembolso en entretenimiento digital cada vez mayor. La iniciativa, no obstante, es interesante porque arroja un poco de luz sobre cuál será el papel de las compañías de medios tradicionales tras la gran corrección del modelo en 2022.

Dos ideas han tomado cuerpo: dejar que la unión haga la fuerza y no permitir que la competencia 100% digital les arrebate la otra gran joya de la corona (los deportes) de la misma manera que les arrebató el cine y la televisión.

Históricamente los deportes han sido una línea de flotación financiera clave para compañías como Disney o Warner Bros Discovery. Pero desde hace tiempo los ingresos derivados de paquetes de televisión por cable, una de las principales formas de monetización de los derechos deportivos, no han parado de menguar.

Al fenómeno del cord-cutting, que ha erosionado las bases de suscriptores sin que ofrecer una alternativa real, se han sumado los movimientos recientes de empresas como Apple, Prime Video o Netflix, que han comenzado a asegurar derechos deportivos. Que tres empresas como Disney, Warner Bros Discovery y Fox hayan decidido cerrar filas en torno a uno de sus grandes patrimonios parece una solución lógica. Ahora, además, han aprendido la lección y han buscado una fórmula que permite experimentar repartiéndose los riesgos de la aventura.

Las compañías tradicionales sueñan con el negocio de tiempos pretéritos, pero la realidad ahora es otra y no se puede, sin más, volver a meter el streaming en un cajón. Spulu aspira a seducir a todas aquellas personas que no están interesadas en pagar un dineral por ver deportes pero que podrían plantearse contratar algo a precio razonable y alineado con las formas de consumo actual.

No existe certeza alguna de que esto vaya a funcionar, pero es necesario llevar a cabo pruebas para ver qué modelo logra conectar con el usuario y, al mismo tiempo, generar beneficios para las compañías. La alianza también permitirá comprobar si la disrupción de la distribución digital logrará seducir de forma masiva al espectador de deportes y, sobre todo, si permitirá recuperar las cifras que tradicionalmente ha movido el sector en lugar de generar un enorme agujero de pérdidas.

Una gran amenaza pende sobre el modelo de la televisión de pago. Spulu está renunciando a vender pasajes en trasatlántico para ofrecer en su lugar una lancha motora. Jugárselo todo a un público que todavía no tienen podría suponer la estocada definitiva al negocio de los paquetes de cable, al que cada vez le quedan menos incentivos para conquistar a clientes.