Vallebro Comunicación

Revista de Internet

Informatica

He tirado mi Kindle: nada se puede comparar a un libro de papel

Eran las dos de la madrugada. Mi luz lateral estaba encendida y a mi pareja se le resistía el sueño a mi lado. Sabía que debía apagar la luz para que pudiese dormir profundamente, pero, egoístamente, estaba atrapada por After Dark, de Murakami. Su libro es un viaje intenso a través de una noche surrealista en un Tokio iluminado por neones, y me cautivó por completo su ambiente liminal.

«¿Cuándo vas a apagar la luz?». Oí decir a mi pareja a mi lado, con un tono justificadamente malhumorado. Le estaba quitando horas de sueño y él trabajaba pronto por la mañana. Al instante sentí una punzada de culpabilidad por leer hasta tan tarde, así que dejé el libro, apagué la luz y me fui a dormir.

En los días siguientes, empecé a investigar el Kindle de Amazon como remedio práctico para leer por la noche. Cumplía todos los requisitos: ahorraba dinero y espacio, me daba acceso ilimitado a una amplia gama de libros, era portátil y tenía funciones útiles, como la personalización de las fuentes.

Me convenció y compré uno.

Al principio, estaba emocionada

Una vez que llegó, me dediqué a descargar un montón de novelas de ficción y me deleité en el hecho de que, como amante de la lectura nocturna, ya no tenía que elegir entre leer o dejar dormir a mi pareja. Por fin podía leer en la oscuridad. El Kindle era ligero y no me dañaba los ojos. Era perfecto.

Me di un atracón de lectura y el Kindle me permitía leer un libro cada dos o tres días. Hacía que la lectura fuera más eficiente y ágil. Sin embargo, había algo que no encajaba. Leer un libro entero en un dispositivo digital me parecía antinatural e impersonal.

Aunque lo intentaba, no podía mantener la concentración. Me resultaba difícil sumergirme por completo en las historias y era incapaz de recordar ciertas partes. Nunca conseguí meterme en las historias de la misma manera. Y no soy solo yo: un estudio de 2014 descubrió que los lectores de Kindle absorben menos información que en papel, y otro de 2019 descubrió que los lectores de Kindle obtienen peores resultados al medir la cronología y la temporalidad.

Siempre supe que para un Kindle sería difícil convencerme porque hay algo singularmente especial en la naturaleza táctil de los libros físicos. El sonido al pasar las páginas. La sensación de las páginas de un libro. El delicado proceso de doblar las esquinas de las páginas como marcapáginas. Por no hablar del olor terroso y nostálgico de un libro.

No estaba disfrutando de la lectura

No tardé mucho en darme cuenta de que la lectura, y lo mucho que disfrutaba de un libro, dependía en gran medida de que mis otros sentidos estuvieran activos. Esto es algo que un Kindle no puede reproducir.

De niña, mis libros favoritos eran Chocolat, de Joanne Harris, y Memorias de una geisha, de Arthur Golden. Recuerdo perfectamente cómo me sentí la primera vez que los leí: las palabras se convertían en imágenes vívidas en mi mente, me aferraba a cada descripción, a cada diálogo, esperaba ansiosamente la siguiente página.

Pero cuando intenté releer ambos libros en mi Kindle, la experiencia fue decepcionantemente mediocre. No sentí la misma emoción ni la misma conexión que antes con los personajes y la historia. Al final llegué a la conclusión de que el Kindle me creaba demasiado distanciamiento, así que tuve que dejarlo.

Siempre he sentido una conexión profunda y personal con los materiales impresos, así que no me sorprendió desenamorarme del Kindle después de menos de un año. Soy el tipo de persona que suele elegir un libro de una librería o biblioteca solo porque me gusta el diseño de la cubierta, el formato del texto del interior o el tipo de encuadernación del lomo. El Kindle no me ofrecía esa emoción estética.

Aunque a veces echo de menos el hecho de poder llevarme literalmente toda mi biblioteca a todas partes, nunca subestimaré la experiencia de leer un libro físico bellamente impreso.

Hannah Nwoko,