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He visitado Dubái y me ha quedado claro que quieren ser los primeros en todo: esto es lo que más me ha sorprendido

¿Es Dubái el nuevo destino de moda? La ciudad consiguió en 2023 los mejores resultados turísticos anuales de su historia, con un crecimiento del turismo internacional del 19,4%, hasta los 17,15 millones, según el Departamento de Economía y Turismo de la ciudad.

Poco se sabe de este foco de riqueza y petróleo, pero todo apunta a que se está convirtiendo en uno de los imprescindibles de los más viajeros. Para descubrir de primera mano qué es eso que atrae cada vez a más y más gente, en noviembre visité esta ciudad que parece estar colocándose en su camino para convertirse en el destino más visitado del mundo.

Aunque no era mi primera vez en la ciudad de los rascacielos —en marzo de 2022 hice un crucero por el Golfo Pérsico—, sí era la primera vez que podía disfrutar de la calurosa ciudad de los récords en su plenitud.

Desiertos interminables, rascacielos como nunca los has visto, hoteles de ensueño, playas de aguas cálidas se concentran en unos pocos kilómetros cuadrados que sorprenden a todo aquel que pasa por este incomparable lugar donde la calima es la gran protagonista.

Todo ello sin olvidar los orígenes de una ciudad que sigue levantándose ante la Old Dubái, una zona llena de diferentes zocos que bien merecen una visita, ya que transportan al visitante a los orígenes de un territorio que en sus comienzos vivía de las perlas del océano —algo que siempre se esfuerzan en recordar con orgullo—, y cuya riqueza se aceleró gracias al petróleo hasta darse a conocer a nivel mundial.

El emirato sabe que el futuro ya no pasa por el océano ni el subsuelo, sino por impulsar —de manera sostenible— los negocios y el turismo: así lo están logrando.

La ciudad del ‘más’

No tenía claro qué esperar de Dubái antes de visitarla, pero sabía que tendría la oportunidad de ver en persona muchos récords mundiales y, por qué no decirlo, mucho lujo. Si vas a construir una ciudad desde los cimientos, ¿por qué no hacerlo destacando y llamando la atención? Esa parece ser la tónica de esta gran metrópoli y, mires donde mires, todo impresiona.

Aunque me hubiera encantado tumbarme un par de horas a disfrutar del sol y la zona de playa del NH Collection en el que me alojaba, el deber me llamaba y no podía perderme ninguna de las atracciones turísticas que han puesto en la cima del mundo al emirato.

Su archiconocido Burj Khalifa es imprescindible en una corta visita a Dubái. Y no es para menos: es el rascacielos más alto del mundo (828 metros), aunque parece que en un futuro próximo tendrá competencia.

Temía el vértigo que podría darme subir hasta lo alto, pero las vistas son tan surrealistas que no pude pensar en ello mientras admiraba un sinfín de rascacielos y el desértico horizonte.

Desde la cima del mundo también pude observar The World, un archipiélago artificial que representa un mapamundi con unas 300 islas que miden aproximadamente nueve kilómetros de largo y siete de ancho que se prevé serán en un futuro residencias de lujo, centros comerciales y establecimientos similares al más puro estilo dubaití.

El proyecto de ingeniería comenzó en 2003, pero 20 años más tarde sigue a medio camino. Eso sí, verlo desde lo alto del Burj Khalifa fue uno de los highlights de mi visita porque este mundo artificial es tan surrealista que una no puede dejar de admirarlo.

Y eso significa para mí Dubái: no existen límites a la imaginación cuando hay dinero para llevar a cabo una idea.

El edificio más alto del mundo, rodeado de un lago artificial, es accesible desde el más famoso centro comercial de la ciudad, el Dubai Mall, una megaconstrucción (efectivamente, el centro comercial más grande y visitado del mundo, por si había dudas) con 1.200 tiendas, muchas de ellas de alta gama como Chanel o Rolex.

Pero si hay algo que no pasa desapercibido es el acuario que hay en su interior. No me podía creer que estaba viendo tiburones y lo que parecía una sirena actuando para deleite de los compradores. Increíble, pero cierto.

Por si el Burj Khalifa era poco, también baten récords mundiales de altura: la noria Ain Dubai (de 250 metros)…

… o Dubai Frame (150 metros), otro icono cultural de la ciudad en forma de marco de fotos con un suelo de cristal en su parte superior que no me atreví a pisar más de unos segundos, ya que la sensación de caída al vacío es real.

Otro de los protagonistas de Dubái es el Burj Al Arab Jumeirah, «el hotel más lujoso del mundo«, tal y como ha publicado anteriormente Business Insider.

Desde las postales hasta las publicaciones de Instagram, la imponente y moderna estructura es un elemento reconocible del skyline dubaití.

Por cierto, no es mi caso, pero si eres amante de la adrenalina, también hay récords para ti: Dubái te permite zambullirte en la piscina más profunda del mundo en Deep Dive Dubai o probar la tirolina urbana más larga del mundo en XLine Dubai Marina.

Yo mientras tanto me quedo con la tranquilidad de una infinity pool o con un paseo por el zoco donde, para sorpresa de todos (¿o de nadie?) se encuentra el anillo de oro más pesado del mundo con 57 kg, según el libro Guinness de los récords.

Muchas veces los turistas que hacen una visita corta al emirato del lujo pierden la oportunidad de explorar este lugar donde encontrar a muy bajo precio todo tipo de telas, especias, oro y todo lo que puedas imaginar.

Más allá de los récords: trabajando por el Dubái del futuro

Además de su evidente tendencia a batir todos los récords posibles, la excéntrica Dubái también tiene puesto el ojo en el futuro y la innovación, siempre caminando hacia la sostenibilidad sin perder su esencia sibarita.

A sabiendas de que el turismo y las ciudades del futuro no tendrán nada que ver con lo que conocemos hoy en día, Dubái está poniendo en marcha su ingenio para adaptarse cuanto antes.

Para concienciar sobre los retos que encontraremos e imaginar cómo evolucionará la sociedad en cinco décadas, la ciudad inauguró hace un par de años el Museo del Futuro, el único edificio construido en 3D de forma integral que imagina qué nos espera en nuestro modo de vida en un viaje que lleva a sus visitantes hasta el año 2071.

Esta maravilla arquitectónica de acero y cristal te transporta en cuatro plantas a diferentes zonas donde explorar elementos clave como los ecosistemas y la bioingeniería; la salud, el bienestar y la espiritualidad.

El museo deja claro que la sostenibilidad marcará el estilo de vida del futuro de la gran urbe, algo en lo que también se insiste en el gran espacio que ha dejado libre la Expo 2020 (celebrada meses después por la pandemia) y que sirvió de escenario para la Cumbre del Clima el pasado diciembre.

En mi primera visita a Dubái, se proyectó este espacio como el lugar que albergaría la ciudad inteligente del futuro, pero volver allí me permitió saber que los planes a veces no salen como uno imaginaba y hay que hacer cambios por el camino o retrasar fechas.

El terreno acoge ahora varios pabellones que quedaron de la Expo como Alif y Terra, centrados en la movilidad más vanguardista (con exposiciones sobre los taxis aéreos o la carrera espacial) y el impacto del ser humano en la naturaleza.

Lo que más me impresionó fueron las figuras hiperrealistas de nueve metros de personajes relevantes de la historia que allanaron el camino para la tecnología utilizada hoy en día.

Pero estos no son los únicos espacios visionarios que uno encuentra Dubái.

Para aterrizar todas las propuestas en materia de sostenibilidad que permitan alcanzar el objetivo de estar libre de huella de carbono en el año 2050, el emirato ha construido en medio del desierto el Centro de Innovación Dewa, un edificio diseñado de acuerdo a la proporción áurea y la geometría islámica donde se estudian las energías limpias.

Una visita al centro demuestra que no se trata solo de ideas visionarias, sino que emirato del Sheik Mohammed bin Rashid Al Maktoum quiere tomarse en serio su futuro.

Dubái cuenta ya con el mayor parque solar del mundo: 262.000 metros cuadrados que pasarán a ser 122 kilómetros cuadrados que ahora siguen siendo arena del desierto. Por el momento, uno puede descubrir ese parque solar a través de un vuelo en el metaverso sobre más de cinco millones de paneles.

El futuro bien merece una foto

Pero pensar en el futuro de ‘la ciudad del más’ también es pensar en lo que buscan y esperan sus visitantes. De ahí que todo lo que pasa en la gran ciudad bien merezca una foto que pueda subirse a las redes sociales. Porque sí, los destinos de moda los marcan las redes y los usuarios.

AYA Universe, el paraíso de los instagrammers (y de los que quieran huir del calor), es un espacio lleno de salas luminosas que combinan arte y tecnología. Aunque a mí no me gusta hacerme fotos, que doy por hecho que es el fin de esta experiencia interactiva, me lo pasé genial viendo las interminables sesiones de fotos de otros visitantes que vestían sus conjuntos más excéntricos para posar ante la cámara.

También atrae todas las cámaras el ME Dubai by Meliá, una creación de la fallecida Zaha Hadid que representa un cubo de hielo que se derrite en el desierto.

Otra espectacular construcción en forma de libro abierto es la biblioteca Mohammed Bin Rashid, la cual alberga más de un millón de publicaciones impresas y digitales en diferentes idiomas.

Pero si hay un lugar (o experiencia) que en mi opinión define Dubái a la perfección es, sin lugar a dudas, Krasota, uno de los más de 13.000 restaurantes de 200 nacionalidades que ofrece la ciudad.

Aunque no sea uno de los 90 restaurantes Estrella Michelin que puedes encontrar allí, una cena en Krasota no tiene nada que envidiarles.

En esta experiencia gastronómica inmersiva los comensales se sientan en una gran mesa redonda en la que durante varias horas vivirán una sobreestimulación de los sentidos.

Yo, que no soy una foodie por excelencia, aluciné con la innovadora propuesta de cena artística del chef Vladmir Mukhin.

En definitiva, que no te lo cuenten.

Dubái hay que vivirla para creértela.