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Una mujer se gastó 50.000 dólares en viajar por el mundo con su familia: así fue su experiencia y por qué considera que mereció la pena

¿Merece la pena gastarse un dineral para viajar en crucero en familia, incluida una pequeña de 12 meses?

Michelle Schroeder-Gardner, fundadora de Making Sense of Cents, donde ayuda a los lectores a tomar decisiones inteligentes sobre cómo ganar, ahorrar, gastar e invertir, lo tiene claro: es una de las mejores maneras en las que ha gastado su dinero.

La mujer de 34 años pagó 50.000 dólares para hacer un crucero de cuatro meses el año pasado. La empresaria viajó a 30 países junto a su marido y su hija mientras se alojaba en un camarote que también usaba para trabajar.

Según explica Schroeder-Gardner a CNBC,  pasaron 60 días en el mar y 50 días en el puerto recorriendo seis continentes.

Aunque este es el viaje más caro que ha hecho su familia, la mujer considera que valió la pena, ya que no lo considera tanto un gasto como una inversión, según declara a dicho medio.

Además, y según explica Schroeder-Gardner a CNBC, ni los viajes de larga duración ni la vida en el mar son algo nuevo para esta familia de tres.

Entre 2015 y 2018, vivieron en una autocaravana con la que recorrieron Estados Unidos. Desde entonces y hasta el año pasado, vivieron en su velero a tiempo completo a la vez que ella teletrabajaba.

Esa pasión por la vida en el mar tenía una pega: requiere mucho esfuerzo.

Por ello, una de las principales razones que les llevó a pensar que embarcarse en este crucero fue todo un acierto fue que pudieron olvidarse de planificar nada ni ocuparse de todo lo que requería el velero, como reparar equipos rotos, planificar rutas o navegar de noche.

Además de esto, alojarse en el crucero también les permitía olvidarse de tareas del día a día como cocinar o fregar, lo que hacía de este viaje una experiencia de lo más relajante.

Y aunque para muchos viajar con niños tan pequeños pueda parecer una locura, la mujer comenta que su hija ya estaba muy acostumbrada a la vida en el mar desde que nació, alcanzando sus pequeños grandes hitos (como dar sus primeros pasos) en las escalas que hacían en puertos de todas partes del mundo, desde Florida hasta Nueva Zelanda, pasando por el Mediterráneo.

Otra de las razones que convencieron a Schroeder-Gardner fue el poder seguir admirando cada día el océano, por lo que reservó un camarote con balcón al que poder salir y disfrutar de las vistas cuando quisieran.

«Me encantó la simplicidad de mi rutina diaria en el crucero. Solo trabajé los días que estuvimos en el mar, durante un par de horas mientras mi hija dormía la siesta. Este descanso era muy necesario. Me dejó centrarme en mi familia y me ayudó a entender mejor lo que realmente me hace feliz», afirma a CNBC.