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Trabajé en cruceros durante tres años: 6 cosas que jamás haría a bordo

He navegado por todo el mundo como empleada de un crucero, y ahora disfruto de los cruceros como pasajera.

Me encanta el aire fresco del mar, despertarme en un país nuevo y pasar los días en la piscina, pero una semana en el mar podría ser más complicada este año, ya que se prevé una gran demanda de cruceros.

Mientras luchas un poco más para asegurarte un lugar privilegiado en la cubierta de la piscina, también puedes evitar algunos errores de novato.

Aquí tienes seis cosas que nunca haría en un crucero después de trabajar en ellos durante tres años.

Pagar por mejoras en el comedor principal

Normalmente, las comidas del comedor principal están incluidas en el precio del crucero. Pero en los últimos años, es habitual que las compañías de cruceros cobren a sus clientes un suplemento si desean disfrutar de platos «adicionales», como langosta o determinados filetes.

Sé que 12 dólares (11,25 euros) puede no parecer mucho por un filete o una cola de langosta en la cena, pero se supone que el coste del crucero incluye la comida.

Así que, aunque me gusta la langosta, me quedo con los platos sin coste adicional.

Comprar el paquete de bebidas

Disfruto de una piña colada junto a la piscina o de un Manhattan mientras escucho un set de jazz después de cenar. Aun así, para mí no tiene sentido pagar por adelantado de 12 a 15 cócteles al día.

He echado cuentas sobre los típicos paquetes de bebidas ilimitadas, y el coste sencillamente no me merece la pena.

Esto es especialmente cierto con un itinerario cargado de puertos. Si desembarco para visitar el puerto durante todo el día, no me quedo en el bar bebiendo granizados.

Prefiero comprar sobre la marcha y aprovechar la happy hour y otras ofertas especiales de bebidas que ofrecen algunas compañías de cruceros. También compruebo la política de bebidas con antelación y llevo mi propio vino, si está permitido.

Tocar con los dedos las superficies públicas

Mis compañeros nunca me verán tocar los botones del ascensor con la punta de los dedos. Basta con los nudillos y los codos.

Algunas compañías de cruceros limpian mejor que otras las superficies que más se tocan, pero yo no me arriesgo. Evito tocar cosas que otros tocan con frecuencia y me lavo las manos a menudo.

Esta estrategia me ha funcionado, ya que nunca he contraído el norovirus, ni siquiera cuando proliferó en un barco en el que estuve. Es bastante contagioso y puede permanecer en las yemas de los dedos incluso después de usar desinfectante de manos. Prefiero prevenir que curar.

Llevar la llave del camarote al cuello

Nunca paseo por el barco con la llave de mi camarote colgada del cuello, y menos aún cuando estoy en tierra.

Hay dos razones para ello. En primer lugar, veo que muchos pasajeros llevan la llave del camarote colgada del cuello para alardear de su estatus de pasajero. Parece algo pretencioso.

Los cruceristas más sofisticados y de mayor estatus, los que pasan más días en el mar, nunca presumen de sus lujosas llaves de camarote.

Porque conocen la razón más importante: la seguridad. En puerto, esa llave rebotando en el pecho parece una invitación al robo. Grita: «¡Tengo dinero! Ven y quítamelo».

Cambiar el nombre del barco

Los barcos tienen nombres propios, por lo que no necesitan artículo definido. Por ejemplo: «Mañana me embarco en Discovery Princess» o «Disfruté de un crucero panorámico en MS Westerdam».

Si quieres parecer un marinero experto, aprende a dejar de lado el «el».

Planificar un itinerario tan apretado que me impida llegar a tiempo al puerto

Oh, las pesadillas recurrentes que he tenido sobre no llegar a tiempo al barco durante un día de puerto.

Nunca me he perdido una salida, pero a veces me he acercado demasiado y he tenido que correr por un muelle o dos. Hace poco, como pasajera, mi taxista se perdió al regresar nuestro grupo al puerto por la noche.

Cuando me di cuenta de lo tarde que íbamos a llegar, pagué 8 dólares (7,5 euros) por minuto para que me comunicaran con el barco. Les supliqué que nos esperaran. Tuvimos que correr por el puerto para volver a subir y recibimos una buena bronca.

Aquella vez tuvimos suerte. En el futuro, me daré más tiempo del que creo que necesito para volver.

Tammy Barr, Andrea Gómez Bobillo