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Los costes ocultos de viajar en autocaravana: es más caro de lo que crees

Antes de embarcarme en un viaje de dos semanas en autocaravana, idealizaba ese estilo de vida.

Imaginaba despertarme en lugares impresionantes, pasar los fines de semana aislada en la naturaleza y vivir aventuras improvisadas.

También me imaginaba una cuenta bancaria llena. Ingenuamente, supuse que una vez que tuvieras tu furgoneta y te desprendieras de posesiones innecesarias y de la carga del alquiler mensual, no habría muchos más gastos a tener en cuenta.

Así que cuando recogí mi caravana de alquiler en Native Campervans, pensé que no tendría muchos más gastos durante las dos semanas siguientes, aparte del propio alquiler y la gasolina.

Aunque encontré formas de ahorrar dinero en el camino, algunos gastos eran inevitables, y vi cómo los pequeños gastos podían sumarse rápidamente si alguna vez decidía vivir así a tiempo completo.

Algunas noches no pagué nada por mi plaza de camping. Otras, pagaba 60 dólares (54 euros).

A la hora de viajar en autocaravana, disponía de una gran variedad de lugares donde aparcar y dormir cada noche.

Con esas opciones venía un abanico de precios.

Por ejemplo, podía encontrar un camping, que oscilaba entre gratis y 30 dólares (27 euros) la noche.

También podía buscar negocios que permitieran el estacionamiento nocturno de caravanas, coches y autocaravanas. Algunos supermercados, por ejemplo, lo permiten gratis. Otros negocios cobran una tarifa.

Mi opción más barata era dirigirme a un terreno público propiedad de la Oficina de Administración de Tierras, que es totalmente gratuito para los campistas. El inconveniente era que no siempre había terrenos disponibles o cerca de las principales ciudades por las que viajaba.

Mi opción más cara eran los parques de autocaravanas. Los parques suelen tener servicios como duchas, lavandería, electricidad, wifi y lugares para vaciar los depósitos de las autocaravanas. Pero estas prestaciones conllevan un precio más elevado.

Por ejemplo, la segunda noche de mi viaje me alojé en un parque de autocaravanas por el que pagué casi 60 dólares (54 euros), lo máximo que pagué por una sola noche de descanso en mi viaje de dos semanas.

A medida que atravesaba estados y consideraba mis opciones, me encontraba con parques de autocaravanas que cobraban desde 40 dólares (36 euros) la noche hasta 100 dólares (90 euros). Normalmente, optaba por algo más barato, como un camping, pero podía ver cómo estos precios podían encarecer rápidamente lo que parece un estilo de vida económico.

Era cómodo comprar comida, pero no siempre era barata.

Dentro de mi autocaravana había una pequeña cocina con dos hornillos de propano, un mini frigorífico y un pequeño fregadero.

Era el espacio justo para preparar comidas sencillas. Por la mañana freía huevos y por la noche hacía pasta.

Pero el espacio limitado hacía que los platos se amontonaran rápidamente y que los alimentos fueran difíciles de almacenar. Entre el cansancio del viaje y mi deseo de evitar la limpieza, recurrí a comer fuera.

Cuando no quería cocinar huevos, me dirigía a cafeterías donde me gastaba 15 dólares (13,50 euros) por un café y un sándwich. Mientras tanto, los huevos, las tostadas y el café costaban una fracción de eso si los cocinaba en mi furgoneta.

Comer fuera era cómodo, y también me di cuenta de que gastaba más en compras impulsivas. Por ejemplo, como hacía paradas frecuentes en las gasolineras, me tomaba una bebida, una chocolatina o lo que se me antojara en ese momento.

En dos semanas, gasté algo más de 400 dólares (360 euros) en comer fuera, más de lo que gastaría en mi vida cotidiana y más de lo que pensaba que gastaría viviendo en una autocaravana.

Había presupuestado la gasolina, pero incluso así gasté más de lo previsto.

Naturalmente, la gasolina fue una de las primeras cosas que presupuesté. Pensaba conducir por seis estados diferentes y recorrer miles de kilómetros.

Pero no me di cuenta de las fluctuaciones de los precios de la gasolina ni de la cantidad de kilómetros que tendría que conducir.

Así que, aunque había calculado el kilometraje entre destinos, no tuve en cuenta los kilómetros adicionales por desvíos, pérdidas y exploración de destinos.

Al principio, esperaba pagar unos 500 dólares (450 euros) de gasolina, pero al final del viaje, el coste final fue 170 dólares (152 euros) superior.

Cometí el error de no presupuestar las duchas.

Quizá el gasto más inesperado durante mi viaje de dos semanas en furgoneta fue el de la ducha.

Como mi furgoneta carecía de aseo y ducha, dependí de los parques de autocaravanas y los gimnasios durante todo el viaje.

Sabía que los gimnasios asequibles como Planet Fitness eran una forma de ducharse por poco dinero. El coste mensual de acceso a cualquier gimnasio Planet Fitness es de 25 dólares (22,50 euros), más una cuota anual de 49 dólares (44 euros).

Por suerte, conseguí una primera visita gratuita a Planet Fitness, así que mi primera ducha fue gratis.

Después pensé en hacerme socia, ya que al principio pensé que Planet Fitness sería todo lo que necesitaría para mi viaje. Pero no fue así, ya que muchos de los destinos que visité carecían de Planet Fitness.

En su lugar, tuve que buscar duchas en otros lugares.

En Joshua Tree, por ejemplo, una ducha de 30 minutos en un parque de autocaravanas costaba 10 dólares (9 euros), mientras que una ducha en un Flying J Travel Center costaba casi el doble.

Para ahorrar dinero, evité ducharme. Durante los 13 días que duró el viaje, me duché tres veces. Una estaba incluida en mi estancia en el parque de autocaravanas, la segunda fue mi ducha gratuita en Planet Fitness y la tercera fue la ducha de 10 dólares del parque de autocaravanas de Joshua Tree.

Si me embarco en un viaje más largo o si hago vida de furgoneta a tiempo completo, voy a presupuestar específicamente para las duchas.

Los pequeños gastos, como llenar el depósito de agua, se acumulan con el tiempo.

Dentro de mi pequeña furgoneta había un depósito de agua de 26 litros. Este depósito contenía el agua que utilizaba para cocinar, beber, cepillarme los dientes y lavarme la cara cada día.

A lo largo de mi viaje, tuve que llenar el depósito varias veces, y esta tarea a menudo tenía un precio.

Por ejemplo, pagué 2 dólares (1,80 euros) por llenar el depósito en una gasolinera de Arizona y 5 dólares (4,50 euros) en otra de Utah.

Después de usar el agua limpia, tenía que tirar el agua sucia que usaba para lavar los platos o la cara y que llenaba otro depósito. Eso significaba pagar por ese servicio o quedarme en parques de autocaravanas y campings con una estación de vertido incluida en el precio de la pernoctación.

Aunque 7 dólares (6,30 euros) por el agua potable puede no parecer un gasto enorme, con el tiempo se puede ir acumulando.

La mayoría de estos gastos ocultos eran pequeños y merecían la pena. Pero si decidiera vivir en una furgoneta a tiempo completo, se irían acumulando.

Por supuesto, 5 dólares aquí y allá no es mucho.

Pero me di cuenta fácilmente de que estos costes podrían suponer cientos, si no miles, de dólares si me dedicaba a tiempo completo a este estilo de vida.

Además, había muchos costes ocultos con los que no me encontré. He oído decir a muchos otros nómadas y personas que viven en autocaravanas que los problemas mecánicos pueden acumular facturas, que asegurar una furgoneta o una autocaravana puede costar más que el seguro de un coche normal, y que los contratos de wifi e internet no son baratos.

Este viaje de dos semanas descubrió muchos gastos ocultos, pero eso no significa que no merecieran la pena.

Dormir en parques nacionales y tomar café en cafeterías de mala muerte son cosas por las que pagaría con gusto una y otra vez.

Monica Humphries, Andrea Gómez Bobillo