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Asuntos de dinero

El dinero sí importa, pero no como crees: el estudio que lo cambia todo

A veces, el dinero sí que compra la felicidad.

Pero puede que no se trate tanto de la cantidad de dinero de tu cuenta corriente y sí de cuánto tienes en comparación con tus iguales.

Así lo afirma un reciente estudio realizado por expertos en salud pública de Canadá, según el cual la marcada desigualdad de ingresos está provocando una crisis de salud mental. 

La investigación, publicado por primera vez en otoño de 2023, sugiere que sentirse pobre en comparación con quienes te rodean puede aumentar el riesgo de sufrir problemas de salud potencialmente mortales y trastornos por consumo de sustancias, un fenómeno que los investigadores denominan «muertes por desesperación».

En él se evaluaron datos de ingresos del Censo, datos de encuestas de salud comunitaria y tasas de hospitalización y mortalidad desde 2006. El concepto sigue el modelo de una investigación publicada en 2015 en PNAS con datos basados en Estados Unidos.

En la última década, los estadounidenses han visto cómo se duplicaban las tasas de inflación, y cada vez es más caro encontrar vivienda, comprar alimentos y mantener a una familia.

Datos recientes de la Oficina del Censo de EE. UU. descubrieron que, entre 2019 y 2022, el 1% de los hogares estadounidenses con mayores ingresos poseía aproximadamente el 26,5% del patrimonio neto de los hogares, mientras que la quinta parte inferior poseía poco más del 6%, y la brecha está creciendo.

Las crecientes tasas de sobredosis de drogas, cirrosis hepática inducida por el alcohol y suicidio han sido una preocupación creciente en Canadá y Estados Unidos durante la última década.

Según los investigadores, estos indicadores del deterioro de la salud comunitaria están directamente relacionados con las condiciones económicas.

La desigualdad de ingresos erosiona la cohesión social y podría provocar soledad

La doctora Claire Benny es becaria postdoctoral de Salud Pública de Ontario y autora principal del estudio canadiense. Según ella, la desigualdad de ingresos suele provocar sentimientos de vergüenza e infelicidad. 

Las diferencias de riqueza provocan graves comparaciones sociales, explica Benny, y las personas no conectan bien con sus vecinos si se ven a sí mismas teniendo exponencialmente más o menos dinero que sus iguales. Sin el apoyo o la confianza de los vecinos, la cohesión social empieza a erosionarse. 

«Es difícil no confiar en tus vecinos», señala Benny. «Es duro vivir en un espacio en el que no confías en lo que pasa en tu barrio o no entiendes lo que pasa en tu barrio».

Esta erosión de la cohesión social podría ser uno de los motores de la epidemia de soledad en Estados Unidos, declarada por el Cirujano General Vivek Murthy. La soledad también tiene efectos adversos en nuestro organismo, ya que aumenta la ansiedad y las hormonas del estrés, y dificulta la salud inmunitaria y cardiaca. También acelera el envejecimiento.

Observar a los ultrarricos a través de las redes sociales también aumenta la percepción pública de la desigualdad de ingresos y alimenta la indignación ante la idea de que los ricos están fuera de contacto con la situación económica de las familias de clase media y trabadora.

Una encuesta realizada en 2023 por Schwab también descubrió que el 61% de la generación Z y los millennials se sienten ricos cuando pueden pagar un estilo de vida similar al de sus amigos, y sus percepciones de riqueza se basan en gran medida en lo que su entorno puede permitirse. 

El estrés monetario —y la pérdida de conexión con la comunidad a causa del mismo— determina el bienestar a lo largo del tiempo, afirmó Benny. Los trastornos complejos por consumo de sustancias se ven afectados por estos factores sociales y suelen coincidir con la ansiedad y la depresión.

La doctora destaca que las comunidades históricamente marginadas y los hombres jóvenes y de mediana edad son los más expuestos. 

«Reducir la desigualdad de ingresos desde cualquier punto de vista, ya sea económico o social, tiene sentido», dijo Benny. «Porque cuando reducimos la desigualdad de ingresos, reducimos las hospitalizaciones y reducimos las muertes».

Reducir la brecha económica podría salvar vidas

Las zonas con grandes disparidades de ingresos y capital social suelen tener menos servicios sanitarios públicos a disposición de sus residentes, afirma Benny. Las personas con menos dinero pueden tener más dificultades para acceder a medicamentos y servicios de salud mental que sus vecinos más ricos.

En el caso concreto de los trastornos relacionados con el consumo de sustancias, Benny señaló que la mitigación de daños consiste en aumentar el acceso de la comunidad a lugares de consumo supervisado, servicios de respuesta a crisis y programas de intercambio de agujas —para prevenir el VIH y otras enfermedades—.

También mencionó que las políticas sobre opiáceos y otros fármacos deben fomentar un suministro seguro y no contaminado.

Junto con las medidas sanitarias, Benny dijo que las ciudades deben tomar medidas concretas para reducir la desigualdad de ingresos mediante la imposición de impuestos a los grupos de altos ingresos, el aumento del salario mínimo y el refuerzo de los programas de renta.

Los programas piloto de renta básica garantizada son cada vez más populares en muchas ciudades de Estados Unidos, y se ha demostrado que ayudan a las personas sin vivienda a encontrar refugio.

Las diferencias de ingresos existen en todas las zonas, pero en distinto grado. Trasladarse a otra ciudad o barrio no es la solución. La mejora de la salud pública y la reducción del estigma social en torno al dinero deben empezar a gran escala, abordando las disparidades económicas, indica esta profesional.

«Si queremos reducir la carga que esto supone para la salud humana, tenemos que plantearnos seriamente abordar la causa fundamental, que es la desigualdad de ingresos», concluye.

Allie Kelly, Andrea Núñez-Torrón Stock