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Hay alguien lanzando botellas llenas de arroz y K-pop hacia Corea del Norte. ¿Su misión? Salvar vidas

En el pasado hemos detallado cómo es la vida dentro de Corea del Norte. Es una nación como ninguna otra, ya que sus líderes actúan como secuestradores hacia su propia población. No contentos con haber construido un régimen monstruoso, en el cual puedes ser ejecutado por cualquier razón, también está prohibido abandonar el país. Lo cual es equivalente a ser condenado, porque desde los años noventa resulta extremadamente difícil conseguir el mínimo de comida necesario para mantenerse con vida.

Sin embargo, docenas de valientes suelen arriesgar sus vidas cada año, escapando de Corea del Norte en busca de un mejor futuro. Pero ese solo es el primer paso de un peligroso proceso, ya que es casi imposible cruzar de Corea del Norte directamente hacia Corea del Sur. Esa frontera está completamente militarizada, minada y vigilada. La única opción es irse a China, que es un país aliado del régimen de Kim Jong Un. Si la policía china te pesca, te devuelve a tu país para ser castigado. Por esa razón, solo unos cuantos tienen éxito en alcanzar la libertad en algún país liberal.

Park Jung Oh es uno de esos afortunados. Escapó de Corea del Norte hace 26 años, cuando tenía 30 años de edad. Su padre era un espía del gobierno que decidió huir, llevándose a su familia consigo. Este desertor cuenta que se había vuelto costumbre encontrarse cadáveres en la calle, personas que se habían muerto de hambre. Hoy en día administra una admirable campaña de activismo para aliviar el sufrimiento de sus compatriotas.

Un plan sencillo pero efectivo

En el 2015, Park fundó Keun Saem junto con su esposa, con el objetivo de hacer llegar suministros a la provincia de Hwanghae en Corea del Norte. La idea surgió luego de que un misionero le informara que los soldados norcoreanos habían comenzado a confiscarle la cosecha de arroz a los campesinos de ese lugar. La zona siempre había sido la principal productora de alimentos del país, por lo que nadie de allí se moría de hambre. Cuando ese suministro de alimentos se vio amenazado, Park decidió actuar.

Consultó a los navegantes locales y al Instituto Coreano de Ciencia y Tecnología Oceánicas para determinar los horarios de las mareas altas. De esa manera sabía en que días el agua fluye más rápido. El plan consistía en reunir tantas botellas de plástico de dos litros como fuera posible, llenarlas de suministros esenciales (arroz sobre todo) y lanzarlas al mar. Según sus cálculos, las botellas tardan solo cuatro horas en llegar a las costas de Corea del Norte.

Lo más interesante es que Park Jung Oh no se encontraba satisfecho con solo enviar arroz, ya que cada botella va acompañada de una memoria USB llena de música K-pop, series de televisión surcoreanas, videos que comparan a los dos países, una Biblia en versión digital y un billete de un dólar. Aunque el servicio eléctrico en Corea del Norte es intermitente, los paneles solares chinos han hecho posible que las comunidades rurales cuenten al menos con un poco de energía eléctrica. Con esto, Park busca llenar a sus compatriotas de esperanza, que sepan que hay más en el mundo que el lúgubre infierno norcoreano.

Su proyecto fue prohibido

La atemorizante hermana de Kim Jong Un, Kim Yo Jong, intentó frenar esfuerzos como el de Park. En el 2020, advirtió que los que enviaban información en contra de Corea del Norte a su nación estaban violando los acuerdos de cooperación inter coreanos. Días después, los norcoreanos demolieron la oficina de alianza entre los dos países, la cual se suponía que iba a servir de punto de encuentro para conversaciones diplomáticas, acordado por ambas naciones en el 2018.

Como consecuencia de estas tensiones, el gobierno de Corea del Sur prohibió las actividades de Park y de los muchos grupos que organizaban esfuerzos similares. El activista afirma que durante tres años entraba y salía de la comisaría, se sentía como un criminal. La medida fue duramente criticada como una muestra de debilidad frente a la dictadura, mientras el gobierno decía que lo había hecho para garantizar la estabilidad de las fronteras.

Afortunadamente, esa prohibición fue revocada por la Corte Constitucional de Corea del Sur. Hoy en día Park Jung Oh es libre de practicar su admirable iniciativa, a pesar de que el entusiasmo ya no es como antes. Los lugareños todavía recuerdan los años durante los que fue ilegal, por lo que se apartaron de la actividad. Sin embargo, Park ha recibido múltiples mensajes de desertores norcoreanos, agradeciéndole por los suministros que les proporcionó cuando todavía se encontraban en esa prisión llamada Corea del Norte.