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El fenómeno de los “padres digitales” en China

La filosofía del legendario pensador Confucio fundamenta la cultura china, japonesa, coreana y vietnamita. La mayoría de rasgos característicos de estas sociedades provienen de sus enseñanzas. Como la rígida jerarquía social, por la cual los superiores no solo esperan respeto de sus inferiores, sino ser venerados por ellos. Basándose en la famosa cita de Confucio: «La relación entre superiores e inferiores es como la que existe entre el viento y el césped. El césped debe doblarse cuando el viento sopla». Veremos como de esta manera de pensar surge la necesidad actual por padres digitales.

Otro principio fundamental de la filosofía de Confucio es el de la educación. Para él, la educación constituye el pilar principal en el que se sostiene toda la sociedad. Habiendo nacido en tiempos de constantes rebeliones y guerras civiles, su prioridad era construir un sistema de educación que enseñara disciplina y obediencia. Porque: «Una persona que respete a sus padres y a los ancianos, difícilmente se le ocurriría desafiar a sus superiores. Una persona a la que no se le ocurre desafiar a sus superiores, nunca fomentaría una rebelión. Por lo tanto, el respeto a los padres y a los ancianos es el fundamento de lo que es ser humano».

Esta filosofía está tan arraigada en China, que ha podido soportar los innumerables intentos de parte de los políticos de acabar con ella. Durante la época comunista, es decir, desde 1949 hasta 1976, cualquier otra filosofía o religión (el confucianismo tiene aspectos religiosos) estaba prohibida con pena de muerte. Sin embargo, la cultura china sigue siendo tan confusionista el día de hoy como lo era hace siglos. Es fácil imaginar cómo es que los padres tratan a sus hijos, al ser guiados por esta manera de pensar. La disciplina y el castigo son la prioridad, mientras que el afecto y la comprensión son para los débiles. Así nace el fenómeno de los padres digitales.

Una alternativa atractiva

Desde hace un par de años, varias parejas se han vuelto virales en Douyin (la versión China de TikTok) por subir un tipo de videos bastante particular. Se trata de una especie de juego de rol en donde estas parejas pretenden ser padres de los usuarios. Entonces actúan como si estuvieran teniendo una llamada de larga distancia con su amado hijo. O paseando apaciblemente por un supermercado. O como si hubieran descubierto que su hijo no hizo su tarea. Lo más importante es el carácter de la pareja. Nunca se comportan como padres estrictos y severos, sino que solo ofrecen amor y comprensión.

Esto ha llevado a miles de personas a «adoptar» a estos influencers como sus padres digitales. Los usuarios no le piden a la pareja que sean sus papás, sino que simplemente comienzan a enviarles mensajes directos, compartiendo sus vidas con ellos, sus logros, sus preocupaciones, lo que hicieron hoy. Buscan desesperadamente la aprobación y el afecto que sus padres reales nunca les dieron. Como estos padres digitales se han vuelto tan populares, les resulta imposible responder todos los mensajes que reciben. Pero cuando lo hacen, sus hijos digitales reportan sentir un altísimo nivel de satisfacción personal.

En este video que se hizo viral, una pareja baila adorablemente mientras un mensaje en la pantalla dice: «No somos capaces de darte una vida libre de preocupaciones, por lo que siempre quisimos que encontraras un trabajo estable. Pero viendo tus ojos tristes, puede que nos hayamos equivocado». Es como si se disculparan por presionar a su hijo para que consiguiera un trabajo estable de oficina, un deseo muy común en China que a menudo frustra a los jóvenes.

Se especula que este fenómeno de los padres digitales nace debido a que el enfoque más usual de los padres chinos es el de enseñar disciplina y obediencia por sobre todas las cosas. El entendimiento y la compasión no suelen ser parte de su repertorio de crianza, dejando insatisfechas las necesidades emocionales de sus hijos. La tecnología hace posible esto, pero ya existía una versión analógica.

Una tendencia preocupante

En el 2019, Werner Herzog estrenó un documental llamado «Family Romance LLC». El título proviene del nombre de una compañía japonesa que ofrece un servicio de alquiler de personas. Su función principal es la de sustituir familiares, ya sea porque han muerto o porque la relación real deja mucho que desear. Así vemos como una señora solicita los servicios de la compañía, buscando a un sujeto que pretenda ser el padre ausente de su hija de doce años. Otro uso bastante común es a la hora de casarse. Frecuentemente, el novio o la novia no quiere que la familia de su cónyuge conozca a sus padres reales porque le dan vergüenza. Por eso Family Romance les manda a dos actores encantadores y amigables, los cuales en ocasiones han tenido que interpretar el mismo papel por varios años.

Aunque no lo parezca, este servicio es bastante rentable en Japón. Family Romance no es la única compañía que lo ofrece. Es algo propio de las culturas confucionistas. Mientras que en occidente, si tus padres te dan vergüenza, pues no los invitas a tu boda y ya, algo así sería inaceptable en Japón. Motivo suficiente para que el casamiento se suspenda. Guardar las apariencias es la prioridad número uno. Por eso también es usual que se alquilen “novias”, una muchacha que no puedes tocar, pero pasea contigo toda la tarde. O que alquiles a una esposa y a una hija de repuesto porque tu verdadera esposa e hija ya no quieren hablarte.

Me parece razonable creer que la tecnología hará que servicios así se vuelvan cada vez más comunes y aceptados. Ya podemos ver lo que está pasando con las novias virtuales, inteligencias artificiales que simulan el proceso de seducción. Vivimos en una sociedad en que la comodidad total se ha convertido en la prioridad principal de muchísimas personas. Trabajar desde casa y pedir todo a domicilio es genial. Mientras que entablar una conversación con un desconocido resulta incómodo. Resulta preocupante cómo la tecnología, aunque nos acerca de manera digital a otros seres humanos, físicamente va construyendo un muro entre nosotros y el mundo real.