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La verdadera razón detrás de la triste realidad de Hollywood y las salas de cine

Este fin de semana he ido con mi familia al cine dos veces. Vimos «Furiosa: Una saga de Mad Max» (¡bastante buena!) y «La película de Garfield» (lo que se podría esperar).

Pero muchos, muchos estadounidenses, no han ido a ver ninguna película. El pasado fin de semana festivo ha sido el peor Día de los Caídos [día festivo en Estados Unidos para rendir homenaje a los caídos en guerra] que Hollywood ha visto en décadas: la venta de entradas ha caído un asombroso 40% respecto al año pasado.

Una cosa en la que Hollywood es muy bueno es en generar explicaciones para un fracaso, o, en este caso, múltiples fracasos. Las huelgas de actores y escritores del año pasado afectaron la producción cinematográfica; comercializar películas es difícil en 2024; tal vez las películas no eran tan buenas; el streaming ha acostumbrado a la gente a quedarse en casa, etc.

Pero la explicación más obvia es la que Hollywood y la gente que adora Hollywood no dice en voz alta: la gente ya no va al cine como antes. Y punto.

Las estadísticas son bastante claras al respecto: en 2002, los estadounidenses iban al cine 5,2 veces al año; en 2019, esa cifra se había reducido a 3,5 veces al año.

La pandemia, por supuesto, dejó la taquilla por los suelos. Pero después del COVID, las cosas siguen yendo mal. El analista e inversor Matthew Ball dice que el espectador promedio ha ido 2,3 veces en 2023, el mismo año en que la industria se jactaba del resurgimiento de la taquilla, liderada por «Barbie» y «Oppenheimer».

Hollywood ha respondido a la caída aumentando los precios de las entradas (se estima que se han disparado un 20% entre 2019 y 2022) y dejando contra las cuerdas a los cinéfilos que sí quieren ir a salas mucho más caras, como las pantallas Imax. (Pagué 44,76 dólares por las dos entradas de «Furiosa» que compré durante el fin de semana en mi cadena Alamo Drafthouse local. Pero no tengo quejas; me encanta esa cadena de cines).

«Deberían hacer todo lo contrario y reducir los precios», afirma el director cinematográfico de Sony, Tom Rothman. «Es un principio de la economía de consumo fundamental: baja los precios y venderás más», explica en una entrevista reciente que está generando mucho revuelo en la industria:

Hay una propuesta de valor en materia de precios para dos grupos que son importantes para nosotros. Los jóvenes están tratando de pagar el alquiler, no tienen muchos ingresos disponibles. Y el segundo segmento muy importante y sensible al precio es el público familiar. Es demasiado caro llevar a toda la familia al cine ahora mismo, incluso si los niños solo pagan la mitad.

Eso me parece bastante razonable. Y la gente obviamente todavía está dispuesta a ir al cine en ocasiones especiales (como hemos mencionado antes, en el caso de «Barbie» y «Oppenheimer»).

Pero no hay forma de escapar de Internet y de la competencia que este implica, también respecto al cine.

En 2002, alrededor del 7% de los estadounidenses tenía Internet de banda ancha en casa. Ahora lo tiene el 80%. Ten en cuenta también el smartphone (en el que probablemente estés leyendo esta historia) y todo lo que puedes ver en él, de forma gratuita. Luchar contra eso es como luchar contra la gravedad.

No creo que las películas ni las salas de cine vayan a desaparecer. (¡Y a mí no me culpéis! He estado en al menos seis este año). Pero es hora de dejar de sorprendernos cuando los amantes de las salas de cine, año tras año, dicen que preferirían hacer otra cosa.

Peter Kafka, Alba Pinilla