Más de 10.000 satélites en órbita: la anécdota que muestra cómo SpaceX cambió las reglas del espacio
¿Sabías que el 19 de octubre de 2025 se batió un récord en el espacio? Pues sí, en ese momento SpaceX superó la barrera simbólica de los 10.000 satélites Starlink lanzados a la órbita terrestre baja desde 2018, consolidando su liderazgo absoluto en la carrera por conectar el planeta desde el espacio.
Se trata de todo un logro porque, hace apenas 10 años, esto se veía como algo impensable, digno de ciencia ficción. Y hoy es toda una realidad, pero también un cambio completo a cómo se concibe el uso del espacio cerca de la Tierra.
Además, hay que tener en cuenta que implica a una empresa privada que ha desafiado a los modelos tradicionales y ha redefinido las reglas del espacio ultraterrestre.
Starlink: de proyecto audaz a megaconstelación dominante
SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk, lanzó los primeros satélites Starlink en mayo de 2019 con el objetivo de crear una red global de internet de alta velocidad y baja latencia. Al principio, esto fue algo experimental, pero poco a poco, con el paso del tiempo, se ha convertido en una megaconstelación.
De hecho, tiene más de 10.000 satélites enviados a la órbita baja terrestre y miles de ellos están operativos. Pero, además, Starlink representa aproximadamente la mitad de todos los satélites activos en esa región espacial. Podríamos decir que es la constelación más grande de su tipo en el planeta.
Este logro no solo se ha conseguido por la capacidad técnica de la empresa para lanzar cohetes reutilizables con frecuencia, sino que también le ha dado una ventaja estratégica que aún otras empresas no han conseguido.
El impacto en la órbita terrestre baja y la congestión espacial
Que una sola compañía haya colocado más de 10.000 objetos en la órbita baja terrestre (LEO, por sus siglas en inglés) tiene varias implicaciones. Una de ellas es el hecho de que el espacio que rodea a la Tierra se ha convertido en un ecosistema lleno de artefactos tecnológicos. El problema es que se ha incrementado el riesgo de colisiones entre satélites o con desechos espaciales, lo que a su vez puede provocar más fragmentos y un efecto dominó conocido en la comunidad científica como el síndrome de Kessler. En otras palabras, si hay colisiones en el espacio, aumentan las probabilidades de que haya escombros en órbita, o peor aún, que estos puedan caer a la Tierra y causar alguna desgracia.
De hecho, los rastreadores de satélites señalan que cada año ocurren colisiones o casi colisiones entre objetos en órbita, y conforme crece el número de constelaciones, la densidad de tráfico espacial se aproxima a niveles muy altos si los comparamos con el inicio de la era espacial.
Ajustes técnicos para mitigar riesgos
Debido a ese aumento de satélites, SpaceX ya ha tomado cartas en el asunto y ha empezado a implementar una serie de medidas con el objetivo de reducir los riesgos. Una de las más relevantes consiste en bajar deliberadamente las órbitas de miles de satélites Starlink, pasando de aproximadamente 550 km a unos 480 km, con el objetivo de reducir la probabilidad de colisiones y facilitar la desorbita planificada de satélites antiguos o fallidos. Cuando se disminuye la altitud, los satélites que dejan de funcionar tienen una vida útil más corta en órbita antes de reentrar en la atmósfera terrestre, lo que minimiza la acumulación de residuos espaciales a largo plazo.
Otros impactos a tener en cuenta
El hecho de que se haya creado una megaconstelación también ha supuesto que se haya abierto un debate político y geoestratégico acerca del control y la regulación del espacio ultraterrestre. En este sentido, en foros como las Naciones Unidas, países como China han advertido que la proliferación de satélites de una sola empresa o país puede convertirse en un riesgo para la seguridad, señalando incidentes de acercamientos peligrosos entre satélites y acusando a ciertas constelaciones de “estar fuera de control”.
A eso hay que unir los planes de muchas otras potencias espaciales para crear sus propias constelaciones satelitales gigantes, con lo que podría colapsar el espacio alrededor de la Tierra y poner en mayor riesgo a esta.
Otro de los impactos que se está notando con ese gran número de satélites, y que varios investigadores han advertido, es que el brillo de redes como Starlink puede contaminar imágenes captadas por telescopios tanto terrestres como espaciales, dificultando la investigación científica y afectando proyectos clave de observación del cosmos. De hecho, hay estudios en los que se estima que las observaciones astronómicas podrían verse interferidas o “rayadas” por el paso de satélites, lo que obliga a científicos a desarrollar nuevas técnicas de procesamiento o replantear cómo y dónde se sitúan los telescopios.

