El secreto mejor guardado de Hacienda: así decide a qué españoles va a investigar
Cualquier comunicación de la Agencia Tributaria aterra. Una carta de Hacienda, o un correo electrónico comunicándote una notificación, te pone en alerta y siempre piensas en algo malo. Verse las caras con Hacienda no es algo que quiera hacer nada. Sin embargo, este organismo suele aumentar la presión fiscal sobre los ciudadanos, sobre todo cuando se llega a un nivel de riqueza o hay desigualdades entre el estilo de vida que se lleva y los ingresos declarados. Por eso, Hacienda tiene una serie de criterios para seleccionar los perfiles sospechosos e investigarlos.
Según el medio Eldiario, hay ciertos indicadores que provocan que Hacienda abra inspecciones automatizadas y analice el perfil de ciertos contribuyentes para analizar si están cometiendo un fraude o las cuentas son correctas.
Quién entra en el radar de Hacienda
Según el plan de control tributario 2025, publicado en el BOE, hay un perfil concreto de contribuyentes que son objeto de vigilancia reforzada. Estos son:
- Personas físicas que tienen un alto nivel de vida, pero que no casa con la declaración de ingresos, que es baja. Lo mismo ocurre con aquellas que utilizan efectivo por encima de los límites legales, que tienen medios de pago extranjeros o residencias ostentosas.
- Personas que están ligadas a sociedades instrumentales. Estas sirven para declarar gastos personales como empresariales y engañar realizando préstamos entre empresas con el objetivo de ocultar rentas.
- Contribuyentes en criptomonedas, comercio electrónico o plataformas digitales. Sobre todo si no declaran los beneficios o crean sistemas para evadir impuestos.
- Negocios y autónomos con «software de doble uso». El funcionamiento es sencillo, buscan subdeclarar ingresos o bien manipular facturas. Esto es muy habitual en la hostelería y en el comercio minorista, sobre todo cuando no hay un pago con tarjeta.
El objetivo de Hacienda es detectar los fraudes que puedan cometerse y, para ello, utilizan un algoritmo que es el que detecta el 75 % de las inspecciones fiscales. Lejos de lo que se puede pensar, de que sean las denuncias ciudadanas las que den la voz de alarma a la Agencia Tributaria, en realidad es un programa informático el que tiene la clave de que seas o no investigado.
Del algoritmo al expediente: cómo funciona la Agencia Tributaria
Cuando el programa detecta un indicio de riesgo, el proceso de inspección se pone en marcha con una notificación al ciudadano informándole de lo que ocurre. Esta puede ser vía telemática o por burofax. Una vez tienes la notificación, se te dan 10 días hábiles para aportar pruebas o para rectificar antes de que la investigación avance.
En este caso, se hace una investigación limitada y, de confirmarse la incoherencia de los datos que se tienen con la realidad, Hacienda se encarga de poner al día todos los datos y de aplicar una sanción, que podrá ser de entre el 50 y el 150 % del importe defraudado. A eso hay que añadirle también los intereses de demora.
Si el fraude es mucho más grave, se elabora un informe definitivo con una inspección profunda donde se va pidiendo información para revisar periodos anteriores incluso (si hay indicios de que el fraude ha podido venir de años anteriores). El objetivo es descubrir todo lo que se ha intentado ocultar a lo largo del tiempo.
Esto se fundamenta en la Ley General Tributaria y en el Reglamento General de inspección. En ellos se autoriza a los trabajadores de Hacienda a obtener datos, cruzar la información y colaborar con otras administraciones nacionales e internacionales, así como bancos, registradores y registros públicos, con el objetivo de aclarar lo que ocurre.
El incentivo oculto de Hacienda: los bonus para los inspectores
Una parte poco conocida, pero real, según la web de Jorge Cortes abogado, es el complemento de productividad de los inspectores. Este tiene que ver con los objetivos medibles de riesgo detectado, y la regularización conseguida y puede llegar a ser de hasta el 25 % de su salario. Depende del número de inspecciones iniciadas, del volumen de las bases imponibles regularizadas y de la calidad técnica y las aceptaciones por parte del contribuyente.
El objetivo de este bonus no es otro que premiar las actuaciones de los funcionarios. Sin embargo, muchos consideran que el bono puede actuar de manera negativa ante ciertas inspecciones para tratar de conseguir el máximo posible.

